Desapegos y otras ocupaciones.

jueves, 29 de enero de 2026

¿PARÍS, CORTÁZAR Y YO?

 


¿París, Cortázar y yo? ¿Qué teníamos que ver? Yo era solamente el «curador» de una muestra encargada por el Museo Nacional de Bellas Artes, una tarea que había aceptado pensando menos en Cortázar que en sacar de la agencia Vanity Cars de City Bell mi Volskwagen Vento 2.5 que había señado sin tener la plata para retirarlo. Cortázar me parecía una figura pop inflada como todas las celebridades, de una escala mucho mayor a la obra infantiloide en la que se apoyaba y que solo podía ser leída por jóvenes indefensos o adultos infradotados como Samurai. Y el adulto infradotado o el joven indefenso que lo leyera ya no leería a Cortázar: sería Cortázar. Con el perramus de Cortázar, los Galoises y la forma sobreactuada de fumarlos de Cortázar, la arrogancia melómana de Cortázar, el vanguardismo tardío de Cortázar, el provincianismo francófilo de Cortázar y los aires de superioridad de Cortázar, en los que siempre creí ver agazapado un fantasma de inferioridad social.

   Su triunfo sucedía en el terreno de la cultura general, no en el del arte literario. Con esa idea sencilla (sin una idea sencilla no se obtiene nada) conseguí que me dieran la curaduría sin tener ninguna experiencia, salvo la de haber adorado a Cortázar con pasión juvenil y haberlo defenestrado en la madurez sin tomarme la molestia de releerlo. ¿Para qué? La relectura es una cosa de neuróticos que no conduce a ningún lado. No ayuda a revelar los errores de una primera lectura, ni a alumbrar los aciertos de una segunda. Más bien sirve para la autoafirmación, como cualquier acto que se repite por hábito.

JUAN JOSÉ BECERRA - "¡Felicidades!" - (2019)


Imágenes: Stefano Zanarello

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.