Cuando se perdió Eusebio lo encontraron los buzos. En esa parte el río era espeso como brea. Abajo del agua no se ve nada. Buscan, los tipos, al tanteo.
El Negro quería ayudar.
Enero quería ayudar.
Los isleros querían ayudar.
Pero no.
Sólo gente especialista.
Si ustedes no lo encontraron en su tiempo.
Dijo el prefecto.
Dejó flotando en el aire el reproche o la explicación o las dos cosas. Ahora hay que dejarlo a la gente que sabe y puede, quería decir.
Pero no dijo.
Y a Enero le dio una rabia.
Parecía que les echara la culpa.
Qué podía saber el prefecto si no los conocía. Si no conocía a Eusebio. Ni al Negro. Si no sabía lo que se querían. Si no sabía que si uno se iba, se llevaba una parte de todos.
En la orilla esperaron horas enteras. Fumando. Frotándose los brazos por encima de la camisa. No hacía frío. Era pura sensación solamente.
Con el Negro miraban fijo el trabajo de los buzos. Unos arriba de los botes. Otros desapareciendo y apareciendo en el agua como tinta. Espesa, oscura. Como tinta.
Los buzos con trajes de goma, antiparras. Los que se zambullen. Los otros agarrando la soga que mantiene unidos a los de abajo con los de arriba del bote. Uno con un handy.
Los de traje de goma desapareciendo y apareciendo en el agua. Espesa, oscura. Sin novedad.
Enero sentía un nudo acá.
Nunca más se le iría ese nudo. Esa congoja. Le agarra todavía dos por tres. Le agarra ahora mismo mientras fuma solo.
En el río.
En la noche.
SELVA ALMADA - "No es un río" - (2020)




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