Jack contempló los platos que había en el centro del círculo lamiéndose los labios con anticipación.
—¿Qué hay para comer hoy?
—Tofu de la esposa al mala —le informó Lily—. Tienes que tener cuidado. Tiene un sabor nuevo. Y carne del duque de Wei.
—¿Qué clase de carne es esa?
—Carne de perro asada con cebolletas y pepino amargo —respondió Logan.
Lily, que estaba a punto de comerse un trozo de carne, dejó caer el cuenco al suelo. El arroz, el tofu, la carne y la salsa roja salieron volando por todas partes. Sintió ganas de vomitar.
Jack la cogió en brazos y la abrazó con fuerza.
—¿Cómo podéis hacer algo así? —preguntó—. ¿De quién era el perro que habéis matado? Esto os va a traer problemas. —En su entrecejo apareció una arruga más pronunciada de lo normal—. Elsie se va a poner histérica como se entere de esto.
—No era de nadie. Era un perro salvaje que vagaba por el bosque. Lo debieron de abandonar allí de cachorro, o esa es la sensación que daba. Lo maté cuando trató de morderme —explicó Ah Yan, que había salido de la cocina con el cuenco de arroz para Jack.
—Pero ¿es que vosotros no tenéis a los perros como mascotas? Comerse a un perro es como… como comerse un niño —dijo Jack.
—Sí, nosotros también los tenemos como mascotas, y a esos no nos los comemos. Pero este era un perro salvaje, y Ah Yan tuvo que matarlo para defenderse. ¿Por qué dejar que esa carne se eche a perder si está deliciosa? —explicó Logan.
Los otros chinos habían dejado de comer y seguían la conversación con interés.
—Sea salvaje o no, comer perro es una barbaridad.
—Vosotros no coméis perro porque os gustan demasiado. —Logan se quedó pensando—. Tenía entendido que tampoco coméis rata.
—¡Por supuesto que no! ¡Qué idea tan repugnante! Las ratas son unas criaturas asquerosas llenas de enfermedades. —A Jack se le revolvió el estómago solo de pensarlo.
—Nosotros por lo general tampoco comemos ratas —puntualizó Logan—. Pero si estás pasando hambre y no tienes otra carne, hay formas de cocinarlas con las que no están mal de todo.
¿Es que la depravación de los chinos no tiene límite?, pensó Jack antes de decir:
—No se me ocurre en qué situación podría llegar a comer rata de buen grado.
—Ya veo —dijo Logan—. Para que os comáis un animal os tiene que gustar un poco, pero no demasiado.
Ante eso no había nada que responder. Abrazando contra su pecho a Lily, que estaba haciendo ímprobos esfuerzos para no vomitar, Jack Seaver abandonó el huerto camino de su propia casa. Elsie había preparado pastel de pollo, pero ni a él ni a Lily les apetecía ya comer.
KEN LIU - "El zoo de papel y otros relatos" - (2016)





No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.