Citas con los libros.

Desapegos y otras ocupaciones.

jueves, 23 de abril de 2026

EN UN TRILLÓN DE AÑOS ESTAREMOS A OSCURAS

 



Multivac se autoajustaba y autocorregía. Así tenía que ser, porque nada que fuera humano podía ajustarla y corregirla con la rapidez suficiente o siquiera con la eficacia suficiente. De manera que Adell y Lupov atendían al monstruoso gigante solo en forma ligera y superficial, pero lo hacían tan bien como podría hacerlo cualquier otro hombre. La alimentaban con información, adaptaban las preguntas a sus necesidades y traducían las respuestas que aparecían. Por cierto, ellos, y todos los demás asistentes tenían pleno derecho a compartir la gloria de Multivac.

    Durante décadas, Multivac ayudó a diseñar naves y a trazar las trayectorias que permitieron al hombre llegar a la Luna, a Marte y a Venus, pero después de eso, los pobres recursos de la Tierra ya no pudieron serles de utilidad a las naves. Se necesitaba demasiada energía para los viajes largos y pese a que la Tierra explotaba su carbón y uranio con creciente eficacia, había una cantidad limitada de ambos.

    Pero lentamente, Multivac aprendió lo suficiente como para responder a las preguntas más complejas en forma más profunda, y el 14 de mayo de 2061 lo que hasta ese momento era teoría se convirtió en realidad.

    La energía del Sol fue almacenada, modificada y utilizada directamente en todo el planeta. Cesó en todas partes el hábito de quemar carbón y fisionar uranio y toda la Tierra se conectó con una pequeña estación —⁠de un kilómetro y medio de diámetro— que circundaba el planeta a mitad de distancia de la Luna, para funcionar con rayos invisibles de energía solar.



    Siete días no habían alcanzado para empañar la gloria del acontecimiento, y Adell y Lupov finalmente lograron escapar de la celebración pública, para refugiarse donde nadie pensaría en buscarlos: en las desiertas cámaras subterráneas, donde se veían partes del poderoso cuerpo enterrado de Multivac. Sin asistentes, ociosa, clasificando datos con clicks satisfechos y perezosos, Multivac también se había ganado sus vacaciones y los asistentes la respetaban y originalmente no tenían intención de perturbarla.

    Se habían llevado una botella y su única preocupación en ese momento era relajarse y disfrutar de la bebida.

    —Es asombroso, cuando uno lo piensa —dijo Adell. En su rostro ancho se veían huellas de cansancio, y removió lentamente la bebida con una varilla de vidrio, observando el movimiento de los cubos de hielo en su interior⁠—. Toda la energía que podremos usar de ahora en adelante, gratis. Suficiente energía, si quisiéramos emplearla, como para derretir a toda la Tierra y convertirla en una enorme gota de hierro líquido impuro, y no echar de menos la energía empleada. Toda la energía que podremos usar por siempre y siempre y siempre.



    Lupov ladeó la cabeza. Tenía el hábito de hacerlo cuando quería oponerse a lo que oía, y en ese momento quería oponerse; en parte porque había tenido que llevar el hielo y los vasos.

    —No para siempre —dijo.

    —Ah, vamos, prácticamente para siempre. Hasta que el Sol se apague, Bert.

    —Entonces no es para siempre.

    —Muy bien, entonces. Durante miles de millones de años. Veinte mil millones, tal vez. ¿Estás satisfecho?

    Lupov se pasó los dedos por los escasos cabellos como para asegurarse que todavía le quedaban algunos y tomó un pequeño sorbo de su bebida.

    —Veinte mil millones de años no es «para siempre».

    —Bien, pero superará nuestra época, ¿verdad?

    —También la superarán el carbón y el uranio.

    —De acuerdo, pero ahora podemos conectar cada nave espacial individualmente con la Estación Solar, y hacer que vaya y regrese de Plutón un millón de veces sin que tengamos que preocuparnos por el combustible. No puedes hacer eso con carbón y uranio. Pregúntale a Multivac, si no me crees.

    —No necesito preguntarle a Multivac. Lo sé.

    —Entonces deja de quitarle méritos a lo que Multivac ha hecho por nosotros —⁠dijo Adell, malhumorado—. Se portó muy bien.

    —¿Quién dice que no? Lo que yo sostengo es que el Sol no durará eternamente. Eso es todo lo que digo. Estamos a salvo por veinte mil millones de años pero, ¿y luego? —⁠Lupov apuntó con un dedo tembloroso al otro—. Y no me digas que nos conectaremos con otro sol.



    Durante un rato hubo silencio. Adell se llevaba la copa a los labios solo de vez en cuando, y los ojos de Lupov se cerraron lentamente. Descansaron.

    De pronto Lupov abrió los ojos.

    —Piensas que nos conectaremos con otro sol cuando el nuestro muera, ¿verdad?

    —No estoy pensando nada.

    —Seguro que estás pensando. Eres malo en lógica, ese es tu problema. Eres como ese tipo del cuento a quien lo sorprendió un chaparrón, corrió a refugiarse en un monte y se paró bajo un árbol. No se preocupaba porque pensaba que cuando un árbol estuviera totalmente mojado, simplemente iría a guarecerse bajo otro.

    —Entiendo —dijo Adell—, no grites. Cuando el Sol muera, las otras estrellas habrán muerto también.

    —Por supuesto —murmuró Lupov—. Todo comenzó con la explosión cósmica original, fuera lo que fuese, y todo terminará cuando todas las estrellas se extingan. Algunas se agotan antes que otras. Por Dios, las gigantes no durarán cien millones de años. El Sol durará veinte mil millones de años y tal vez las enanas durarán cien mil millones por mejores que sean. Pero en un trillón de años estaremos a oscuras. La entropía tiene que incrementarse al máximo, eso es todo.

ISAAC ASIMOV - "El hombre bicentenario y otras historias" - (1976)


Imágenes: Toni Garcés

lunes, 20 de abril de 2026

QUE SE LEA COMO SE ESCUCHA UNA CANCIÓN

 



Sentí que estábamos reivindicando con la naturalidad de Rita Indiana o Cortázar o quien sea, clamando por que la literatura sea un fluido que se cuele en el cerebro de forma compacta, sin detenerse en un eventual tropezón lingüístico. Que se lea como se escucha una canción, una canción en un idioma extraño que el cerebro, a fuerza de escucharla, vaya desentrañando. Además, casi nadie quiere viajar a un lugar donde lo entienda todo perfectamente.

SABINA URRACA [en el prólogo de ANDREA ABREU - "Panza de burro" - (2020)] 


Imágenes: Stéphanie Kilgast

viernes, 17 de abril de 2026

LOS CONSUME COMO SI FUERAN CARAMELOS

 



La gente aplaude cuando el avión toma tierra; lo hace con tal delicadeza que Lennox apenas se da cuenta del instante del aterrizaje, para el que se había preparado hacía horas, desde que sobrevivió al despegue y a las turbulencias. A pesar de esta sensación de anticlímax, Lennox estrecha con su mano vendada y lesionada la mano de Trudi.

   La habitación que han reservado está en un hotel boutique del distrito art déco de Miami Beach. El histórico distrito art déco, según parece decir en todas partes. ¿Histórico? ¿El art déco? ¿Y qué tiene de histórico? Se mete en la ducha y, al darse cuenta de que necesita orinar urgentemente, mea mientras se ducha. Los espesos y dorados riachuelos de su pis serpentean y desaparecen por el desagüe El cuarto de baño se refleja en las paredes de enfrente. Se fija en su cuerpo desnudo, clonado y purgándose hasta el infinito.



   De pronto y sin previo aviso, le embarga una profunda desesperación por salir de ahí. Tanto el cuarto de baño como el dormitorio le parecen demasiado pequeños. Se acerca chorreando al lavabo. Se seca con una toalla. Llena un vaso de agua y se toma los dos antidepresivos que dejó preparados. Seroxat. Los consume como si fueran caramelos. Al menos cien miligramos diarios por encima de la dosis máxima recomendada. Cuando los estás tomando no tienes tanta ansiedad. Si, siempre está allí al acecho; sigues notándola, pero no te molesta tanto. Pero no ha traído demasiadas pastillas; quiere dejar de tomarlas. Cree que el sol ayudará. La luz es buena para la depresión. Es una cura natural. Una buena dosis de sol invernal te vendrá mejor que todas las pastillas del mundo. Alguien lo había dicho. ¿Trudi? ¿Toal? No consigue acordarse. Pero tenían razón. Fue un alivio dejar atrás el frío y la oscuridad del Edimburgo invernal. Primero el horror del funeral. Luego unas navidades desastrosas, igual que el Año Nuevo. Lennox no tenía la cabeza en condiciones para soportar aquello. La multitud y su griterío: gente que cuando trataba de disfrutar no dejaba de parecer zafia y odiosa. Bajo la cordialidad superficial no había más que desesperación, un temor apenas velado de que el año entrante fuese igual de deprimente que el anterior. Lennox sale del cuarto de baño con la toalla alrededor de la cintura. Sigue con el vaso de agua en la mano. Lo deja encima de la mesa de cristal que hay junto al teléfono.

IRVINE WELSH - "Crimen" - (2008)


Imágenes: Emily Blincoe


martes, 14 de abril de 2026

EL RÍO ERA ESPESO COMO BREA

 



Cuando se perdió Eusebio lo encontraron los buzos. En esa parte el río era espeso como brea. Abajo del agua no se ve nada. Buscan, los tipos, al tanteo.

   El Negro quería ayudar.

   Enero quería ayudar.

   Los isleros querían ayudar.

   Pero no.

   Sólo gente especialista.

   Si ustedes no lo encontraron en su tiempo.

   Dijo el prefecto.

   Dejó flotando en el aire el reproche o la explicación o las dos cosas. Ahora hay que dejarlo a la gente que sabe y puede, quería decir.

   Pero no dijo.

   Y a Enero le dio una rabia.

   Parecía que les echara la culpa.

   Qué podía saber el prefecto si no los conocía. Si no conocía a Eusebio. Ni al Negro. Si no sabía lo que se querían. Si no sabía que si uno se iba, se llevaba una parte de todos.



   En la orilla esperaron horas enteras. Fumando. Frotándose los brazos por encima de la camisa. No hacía frío. Era pura sensación solamente.

   Con el Negro miraban fijo el trabajo de los buzos. Unos arriba de los botes. Otros desapareciendo y apareciendo en el agua como tinta. Espesa, oscura. Como tinta.

   Los buzos con trajes de goma, antiparras. Los que se zambullen. Los otros agarrando la soga que mantiene unidos a los de abajo con los de arriba del bote. Uno con un handy.

   Los de traje de goma desapareciendo y apareciendo en el agua. Espesa, oscura. Sin novedad.

   Enero sentía un nudo acá.

   Nunca más se le iría ese nudo. Esa congoja. Le agarra todavía dos por tres. Le agarra ahora mismo mientras fuma solo.

   En el río.

   En la noche.

SELVA ALMADA - "No es un río" - (2020)


Imágenes: Ornella Pocetti

domingo, 12 de abril de 2026

ZONA LIBRE, PARA USO TÓPICO. CAPÍTULO 1 - UCRANIA

 



Primer programa de ZONA LIBRE, PARA USO TÓPICO.

Capítulo 1 - Ucrania.

Entrevistas a cargo de El Secretario dentro de la programación de RADIO FARMACIA en Unidad Cultural Terapéutica Changüí.


Imágenes: Mark Neville

miércoles, 8 de abril de 2026

EL ARTE ES LA CIENCIA DE LO INÚTIL

 



—¿Qué piensa usted de las artes?

   —El arte es la ciencia de lo inútil.

   El médico frunció la frente, sorprendido. Aquella respuesta no cuadraba con la personalidad que había creído adivinar en su paciente.

   —¿Quiere decir que desprecia usted las artes; que las considera algo trivial, y a quienes las practican gentes desocupadas que no tienen otra cosa mejor que hacer?

   —¡Nada de eso, doctor! ¡Considero que el arte es tanto más sublime cuanto mayor es su inutilidad!

   —Explíquese mejor.



   —El hombre es el único animal que se crea necesidades que nada tienen que ver con la subsistencia del individuo y con la reproducción de la especie. No le basta comer para alimentarse, sino que condimenta los alimentos, de modo que añadan placer a la satisfacción de su necesidad. No le basta vestirse para abrigarse, sino que añade, a esta función tan elemental, la exigencia de confeccionar su ropa con determinadas formas y colores. No se contenta con cobijarse, sino que construye edificios con líneas armoniosas y caprichosas que exceden de su necesidad: lo cual no ocurre con la guarida del zorro, la madriguera del conejo o el nido de la cigüeña. ¿Hay algo más inútil que la corbata que lleva usted puesta? ¿De qué le sirve al estómago una salsa cumberland o un Chateaubriand a la Périgord? ¿Qué añade al cobijo del hombre el friso de una escayola o las orlas en forma de signos de interrogación de los hierros que sostienen el pasamanos de una escalera? Pues bien: todo eso que está inútilmente «añadido a la pura necesidad»… ¡ya es arte! La gastronomía, la hoy llamada alta costura y la decoración son las primeras artes creadas por nuestra especie, porque representan los excesos inútiles añadidos a las necesidades primarias de comer, abrigarse y guarecerse.

TORCUATO LUCA DE TENA - "Los renglones torcidos de Dios" - (1979)


Imágenes: Massimiliano Pelletti

domingo, 5 de abril de 2026

LOS CERDOS SON INTELIGENTES, MÁS QUE LOS PERROS

 



Una de las escuelas a las que fui de niña organizó para nuestra clase una visita al matadero. El objetivo era prepararnos para lo que las autoridades llamaban el mundo real, y también para enseñarnos en qué consistía un trabajo real frente a lo que suele caracterizar a la actividad intelectual. Nos llevaron en autocar, pero no bien llegamos alguien con más cabeza puso orden y no nos permitieron entrar. No vimos ni oímos a ningún cerdo, pero sí vimos unas enormes lagunas marrones que, según nos dijeron, formaban parte del funcionamiento de aquel sitio, así como varios camiones refrigerados relucientes, con los motores al ralentí. También notamos un olor al que nunca antes habíamos sido expuestos.

  Ese mismo semestre alguien nos comentó que el periódico traía un artículo sobre una cerda que había salvado a un hombre de ahogarse. La cerda, que era una mascota, estaba nadando en un lago con su ama. Había varias personas jugando en el lago en aquel momento, porque era un fin de semana de vacaciones.



 La cerda, al ver a aquel hombre en apuros, nadó hasta llegar a su lado y con sus movimientos le dio a entender que se agarrara a su arnés, que siempre llevaba puesto, pues era un animal de compañía. Luego arrastró al tipo hasta un lugar seguro.

  El periódico, que era de los fiables, sostenía que la historia era cierta. Más adelante, el reportero planteaba pícaramente esta pregunta:

  ¿La cerda habría rescatado a aquel hombre si hubiera sabido que él y sus acompañantes acababan de disfrutar de una merienda de sándwiches de jamón?

  La dueña de la cerda respondía que los cerdos son inteligentes, más que los perros, pero que no son omniscientes.

  IGNORANCIA

JOY WILLIAMS - "Noventa y nueve cuentos divinos" - (2016)


Imágenes: Kirsty Elson