Solo te dejé el ojo a la funerala, pedazo de cabrón, y ahora me arrepiento de no haberte matado. Nunca pensé que fueras a llegar tan lejos con tus aires, doutorciño, y mira que tenía datos suficientes como para que no me pillase por sorpresa, años y años a mis espaldas aturando tus caralladas. Pero tú siempre lo consigues, ¿no? Abraiarme, digo. A mí y a todos, claro: Cosme, Cosmiño, don Cosme, el escogido por pai para seguir sus pasos, el ojo derecho de doña Carmen en la escuela, el más repeinado, el más gilipollas. Pero yo sí sabía que eras un cabronazo. Lo aprendí a la fuerza casi el mismo día que salí por la cona de tu madre, la primera vez que intentaste dejarme sin aire. Cosas de rapaces, dijo nai, como siempre que quisiste joderme. Manda truco: eres el hijo de puta más grande que me encontré y resulta, ya es mala hostia, que eres mi hermano. Te reconozco que hasta fue enternecedor que intentases pegarme, meu pobre. Casi siempre me ganaste en todo, pero hay dos cosas en las que soy más hábil que tú: con las manos y con las mujeres. Además, en todos los años que no supiste de mí me dio tiempo de sacarme un doctorado en hostias como panes, nen, aunque creo que eso ya lo comprobaste por tu cuenta.
¿También le zurrabas a tu mujer? Cuéntaselo a tu hermanito. No creo que tuvieras los huevos de ponerle la mano encima con Aida en casa. Luego… ya es otro cantar. ¿Por eso te dejó, cabronazo? Ay, Cosmiño, Cosmiño, yo nunca supe muy bien lo que pasara con la Marisol, pero así y todo me alegro de que te dejase. Mira que era sosa la pava, vamos, un muermo, parecía hecha a medida para soportar toda la mierda que el santo don Cosme quisiera echarle encima. Contra todas mis apuestas, hasta ella terminó por abrirse, y tu hija nunca te perdonará que la dejases sin nada cuando se piró. De hecho, Aida es la única en la aldea que te tiene calado. No se parece a su madre, la gorda, ella es brava como un carneiro. Igual por eso me pone tanto. ¿Qué? No te escandalices, meu. Será hija tuya, tranquilo, que nadie lo duda, pero desde luego no lo parece. Para mí ella es todo lo que tú nunca fuiste: un origen, una familia y un refugio. Por eso me largué del ático sin decirte nada, para protegerla del mierdas de su padre. También de mí, no te lo voy negar, pero sobre todo de ti, de tus neuras, de tu juego sucio, de tu vigilancia enfermiza a través de mis ojos. Me dejaste que compartiese piso y cubierto con Aida a cambio de que fuese cómplice de tus movidas, pero pronto empecé a desearla, diría que hasta a quererla, y entonces el precio a pagar se volvió demasiado alto.
Lo supiste muy tarde, cabrón, jugué bien mis cartas y por eso tu hija pudo terminar la carrera sin volver a dirigirte la palabra. Sé que después de la hostia que te di en la aldea no volviste a llamar, ni siquiera en horario de clase, para recordarme otra vez que dependía de tu caridad, que yo era un pobre hombre y tú, más ruin de lo que me imaginara cuando acepté aquel trato. Pero tampoco me habrías encontrado, Cosme, nadie te habría descolgado el teléfono porque me piré de Santiago y ya no volví, pero lo que cuenta es que nunca más me exigiste que te contase detalles de la vida de Aida que le pertenecían solo a ella. Aun así, y eso es verdad, ni un mes faltaron los cartos para tu hija. Sí, has oído bien, para tu hija, porque yo no me quedé nada, miñoca, ni un solo duro. Yo no soy como tú, yo soy legal, aunque por mis venas también corra la sangre de pai. En menor proporción que en las tuyas, eso está claro.
No llegué a decírtelo, pero cada día te pareces más a él. Y yo, de fillos de tres mil putas como vosotros, no quiero ni la hora. No solo me fui del ático por Aida: también me abrí porque te odio. Lo mismo la palabra es muy grande, pero no sé explicar de otra forma mejor que no soportaba vivir bajo un techo tuyo, ni comer un grano de arroz pagado con tu dinero. Durante ese tiempo le pasé a tu hija hasta la última peseta y dejé que siguiera su camino sin mí, sin mi devoción y sin la mirada inquisidora de su padre tras la mirilla. A la vista está que la rapaza se apañó. ¿No estás orgulloso, Cosmiño? Pues deberías. Igual que no deberías olvidar mientras vivas que Lolo, el pequeño, el hijo aborrecido por pai, lo supo casi todo sobre el cabrón de su hermano. Ni tampoco que por eso ahora está muerto.
ALBA CARBALLAL - "Bailaréis sobre mi tumba" - (2023)


























