Desapegos y otras ocupaciones.

martes, 25 de agosto de 2026

COMO UN TIGRE SIN HAMBRE



Ella entró así, entonces, atraída por esa música que era como una catedral hecha de descartes atraídos a su vez por una mosca. La vi entrar y me pasó lo que a tanto negro: me gustó por alta, por rubia, por musculosa, por llevar la ropa de lino con la elegancia con la que Aquiles llevaría la bandera griega cabalgando una yegua negra acerada a la orilla del mar azul profundo de Troya, quiero decir que me gustó y se me armó de atardecer en el mar con poema rosa y con música de fondo, con otra, no con la de la catedral-mosca, con una música de esas que ponen en las comedias románticas cuando lo que se va a precipitar es un intercambio de fluidos cuya inminencia seguramente se venía sosteniendo o más bien inflando capítulos y capítulos como un globo cada vez más lleno de flujos con ganas de estallar mezclados: le flameaban las pilchas de lino a la chica y ella avanzaba ligera y fuerte, como un tanque ultraliviano, como un tigre sin hambre, como una Napoleona de vacaciones en Cancún, como Walt Disney navegando hacia un glaciar, como un misil que atraviesa la atmósfera certero pero apenas arañándola como si fuera un barquito y no un arma de destrucción masiva. Algo de eso tenía Elena: algo de barquito de papel con torpedera. Para mí, claro, que podría decirse que me enamoré en cuanto la vi. Y no solo para mí, para muchos que no se le enamoraban también pero de eso voy a hablar después.

GABRIELA CABEZÓN CÁMARA - "Romance de la negra rubia" - (2014)


Imágenes: Patrick Cabral

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