Desapegos y otras ocupaciones.

sábado, 22 de agosto de 2026

ELLOS NO ADVIRTIERON NADA EXTRAÑO



Mientras regreso a la cama, los miro alternativamente, pero soy incapaz de descifrarlos.

   —¿El senador está fuera? —pregunto.

   —Anna, el senador no es un problema —contesta Hollinger en tono paternalista. Aparta la vista de la ventana y me mira largamente, como si quisiera decirme algo que no puede—. Voy a hablarte de lo que sucedió esa noche.

   Asiento, sin entender realmente a qué se refiere con esa noche.

   —Todo irá bien —me anima la doctora Katz.

   Hollinger inspira profundamente antes de empezar.

   —Oliver Cohen, el hijo del senador Cohen, era tu novio. Te invitó una noche a la casa de la familia, donde ocurrió la tragedia que le costó la vida. El senador y su esposa tenían un compromiso, así que se despidieron de vosotros y os dejaron solos. Ellos no advirtieron nada extraño, al igual que el resto de las personas que te vieron ese día. El consenso general es que erais una pareja que no discutía ni tenía mayores problemas; os conocíais desde hacía menos de un año, así que es probable que todavía no hubiera tensiones entre vosotros.

   Mientras el comisario habla, repito en mi cabeza el nombre de Oliver Cohen una y otra vez. No hay ningún rostro asociado a ese nombre, ni recuerdo alguno. Nada.

   —¿Qué sucedió?

   —La casa de la familia Cohen tiene un sistema de cámaras, así que las pruebas eran muy claras. Estabais en la cocina. A Oliver Cohen le gustaba cocinar y esa noche te preparó tu comida favorita. Tú estabas sentada en la isla, donde había una botella de vino que os bebisteis casi completamente.



   —Lasaña —digo de repente.

   Hollinger y la doctora Katz se miran.

   —Lasaña es mi comida favorita.

   —Exacto —dice Hollinger—. La lasaña ya estaba en el horno y Oliver Cohen fue hasta donde tú estabas sentada y empezó a besarte. Primero en la boca, después en el cuello. No sabemos si él te dijo algo al oído, pero lo que se observa en la grabación es cómo en ese momento tú tenías los ojos cerrados y de repente los abres, sobresaltada. A continuación cogiste un cuchillo del soporte que estaba a tu lado.

   Un escalofrío me recorre el cuerpo.

   —¿Lo maté?

   Hollinger suspira.

   —Me temo que sobre eso no hay duda —dice el comisario—. Lo apuñalaste primero en el costado y luego repetidas veces cuando él cayó al suelo. Parecías bajo algún tipo de emoción violenta. No sabemos qué lo desencadenó. Diez minutos después saliste de la casa, manchada de sangre y en estado de shock. Una vecina te asistió y avisó a la policía.

   —No puede ser —digo—. Tiene que haber una explicación. Tuvo que haberme hecho algo antes, tengo golpes en el cuerpo.

   Exhibo mis brazos a modo de prueba.

   Otra vez las miradas suspicaces.

   —¡¿Qué?! —digo levantando el tono de voz—. ¿Doctora?

   —Anna, eso sucedió hace poco más de dos años —dice la doctora Katz con calma—. Estamos en el año dos mil veintidós.

FEDERICO AXAT - "El día de mi muerte" - (2025)


Imágenes: Francesco Pirazzi

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.