Su madre se desentiende de Goyo, pero no deja en paz a Modes; y no porque su hija se encuentre enferma o preocupada, sino porque de Modes depende que su hermano esté atendido. Desde que Modes tiene uso de razón, como se dice, su madre le asignó a Goyo, y eso comporta cuidarlo hasta en el menor detalle —aunque a distancia, sin ponerse pesada—, algo que al revés no ocurre. Es obligación de las mujeres de la familia que nada falte a los varones que traen el dinero a casa. Eso dice su madre olvidando que es ella, y no el padre, quien cobra el sueldo de portera del inmueble de la calle Infantas.
¿Disfruta Modes algún rato de ocio? Aunque no comparable al de su hermano —que participa, por ejemplo, de la charla de sobremesa con sus padres mientras ella friega los platos—, cuando la tarde da un respiro a las obligaciones hogareñas, Modes pasea por el ala izquierda de la Gran Vía o sube dos pisos hasta la pensión de La Roncalesa, donde se alojó su padre de soltero, y se junta con Beni —la hija de doña Beni, la dueña—, que es de su misma edad.
Alguna vez las interrumpe la madre de Modes para reclamar a su hija en la portería porque hay costura pendiente o un recado que hacer o va a calentar la plancha. Pero si no, las jóvenes, medio tumbadas en el sofá de la recepción, charlan de lo que les ocurre o les preocupa y también de lo que da reparo hablar con los chicos. Y la información de Beni, impartida con la retranca de quien, pese a sus años mozos, domina los resortes de la existencia, arraiga en las entendederas de Modes y no sale de ahí ni en forma de pesadilla, para no escandalizar a Goyo.
Hay hermanos en el barrio que cuando sorprenden a su hermana en trance afectuoso —por ejemplo, charlando con un desconocido con la espalda apoyada en una tapia y mascando pipas— la devuelven a su casa entre gritos y cachetes y la agraviada arrastra su vergüenza por la calle sabiéndose infamada para el resto de su vida; y en efecto, después de aquel oprobio no levantará cabeza, a diferencia del hermano, que la llevará bien alta por haber reaccionado como un hombre —de los que se visten por abajo, precisan— contra la deshonra de su familia. Modes no ha tenido la experiencia de que su hermano la vea acompañada de un varón y se lo afee, ha sido ella la que le encontró una tarde —y en el lateral izquierdo de la Gran Vía que a ella le gusta pero a su hermano no— con una mujer más alta que él y con pinta de extranjera.
MANUEL LONGARES - "Los ingenuos" - (2003)





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