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martes, 14 de julio de 2026

QUÉ EXTRAÑO, EL ABUELO ESTABA ENAMORADO DE LA ABUELA

 



Tendemos a pensar que nuestros antepasados tenían pensamientos menos elaborados que nosotros. Imaginamos a toda aquella gente que hizo la guerra como adolescentes inocentes, alegres y primarios. Leemos sus cartas, enumeramos todas las cosas que no hicieron (imaginar que existirían los teléfonos móviles, viajar, sexo creativo, utilizar expresiones como «mi yo» o palabras como «objetivar», «relativizar») y, sobre todo, los analizamos con la perspectiva de quién sabe qué les pasó. Sabemos que perdieron la guerra, es fácil, ahora, dar categoría de símbolo a las veces que escribieron: «No sé si viviré o si me moriré, cuida de madre…». Tendemos a pensar que no amaron a sus hijos como nosotros, de la misma manera que lo pensamos, también, de los pobres que piden caridad, de los indígenas de selvas recién deforestadas, de nuestras señoras de la limpieza, que han dejado a sus hijos en Colombia. Yo no los dejaría, decimos. No somos malos, no somos poco empáticos, lo decimos con toda sinceridad. Nos parece, y no puede ser de otra manera, que no son como nosotros. Que sus penas y alegrías, sobre todo las penas, están filtradas como por un telón de terciopelo.

   Imaginamos, de estos abuelos, que se casaron menos locos de amor que nosotros. Que se amaron, que tuvieron ganas de sexo, pero que no tuvieron un enamoramiento «moderno». Como los imaginamos a todos como parte de un grupo homogéneo (esta generación, la llamamos), las pequeñas aristas de alguno de ellos se magnifican y celebran. El abuelo estaba enamorado de la abuela. ¿Por qué lo sabemos? Porque lo decían, no es normal. Qué extraño, el abuelo estaba enamorado de la abuela, no estaba previsto, no es como ahora.

EMPAR MOLINER - "La colaboradora" - (2012)


Imágenes: Andrew Salgado

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