Masaru Emoto (1943-2014) fue un controvertido científico japonés que afirmaba la existencia de una relación entre la mente y la materia. Uno de sus experimentos más famosos consistía en colocar recipientes de agua separados y añadirles una etiqueta. La etiqueta de un recipiente determinado contenía una palabra con un mensaje positivo, por ejemplo «amor», y en otro recipiente lo contrario, una palabra con un mensaje negativo, como «odio».
El científico reproducía música clásica en presencia del recipiente con el mensaje positivo, y música estridente con el recipiente de mensaje negativo. En otros experimentos en lugar de reproducir música colocaba imágenes y decía palabras positivas y negativas a los recipientes correspondientes. Después de unos cuantos días congelaba el recipiente con su contenido y analizaba bajo microscopio los cristales de agua que formaban el líquido. El resultado era impactante, los cristales de agua que se formaban en el recipiente del mensaje positivo estaban armonizados, su estructura era geométrica y estaban unidos (similar a la estructura de los copos de nieve). Por lo contrario, los cristales del recipiente con mensaje negativo estaban desestructurados, rotos y sin concordancia. ¿Acaso la mente afectaba a estos recipientes?
Si esto fuera así, no podemos dejar de tener en cuenta que el cuerpo humano se compone de un 80 por ciento de agua. ¿Podría cambiar nuestro cuerpo los pensamientos de la gente que nos rodea hasta hacernos enfermar? Masaru Emoto estaba convencido de que sí. Para su desgracia, la comunidad científica no aceptó las pruebas que él proporcionó. No podía demostrar la relación entre mente y materia.
Para acabar con las críticas, Masaru realizó un segundo experimento y publicó los resultados en la revista Explore Journal en el año 2006 junto a Dean Radin —el científico que trabajó en el Proyecto Conciencia Global que veremos más adelante—. El objetivo del experimento era cambiar la materia de dos recipientes situados a 8000 km, en California. En Tokio, se enseñó una imagen de las botellas a 1800 personas y desde Google Maps la posición de estas para que mandaran mensajes positivos a una y negativos a otra. El análisis de los cristales fue el esperado, exactamente igual que en su primer experimento, pero aun así la ciencia no pudo aceptarlo como científico.
Masaru Emoto realizó más experimentos a lo largo de su vida hasta que falleció en octubre del año 2014. Existieron otros científicos que experimentaron con sus teorías. Por ejemplo, la fotógrafa Rose-Lynn Fisher fotografió la cristalización de centenares de lágrimas según el sentimiento que las provocaba. Las lágrimas de felicidad eran tremendamente distintas de las de dolor.
IVÁN MARTÍNEZ JUAN - "Los seres tulpa y otros misterios sin resolver" - (2016)




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