Desapegos y otras ocupaciones.

lunes, 19 de octubre de 2026

ABANDONAR A UN HOMBRE ASÍ ES AÚN MÁS PELIGROSO



—Sí. Pero entonces ella recibió una carta. Del tribunal o algo así. Y supo que él probablemente obtendría la custodia. Así que volvimos a casa y, en cierta forma, fue un alivio.

   Cian asiente.

   —Es comprensible.

   Maia fija la mirada en el parabrisas. En la nieve y el paisaje blanco y sin límites que se extiende más allá.

   —Yo tenía catorce años cuando pasó; los mismos que Julian ahora.

   —No tienes por qué contarme nada, pero si te ayuda, adelante.

   —¿Sabes algo? —le pregunta ella.

   —No mucho. La noticia no llegó a Irlanda, e internet no era como ahora. Tu abuela me comentó algo, pero no quise entrometerme, ya sabes. Aunque de vez en cuando la oigo hablar por la radio, cuando la entrevistan. Lo creas o no, todas las mañanas pongo Woman’s Hour en el taller.



   Suelta una risita y Maia también se ríe.

   —Debería haberlo adivinado.

   Él sonríe.

   —Creo que muchos hombres lo escuchan.

   —¿Qué dice?

   —Dice que el momento más peligroso es justo antes de que una mujer se vaya de casa, o justo después. Es entonces cuando su… su vida corre más peligro —responde, sin saber cómo manejar el asunto, intentando buscar las palabras adecuadas—. Dice que las mujeres se quedan por eso, porque abandonar a un hombre así es aún más peligroso.

   —Él siempre fue horrible con ella. Pero no como… No sabía de lo que era capaz hasta esa noche. Nosotros estábamos en la habitación de al lado. Él puso algo delante de la puerta, así que no pude entrar. No pude llegar a ella. No pude ayudarla. Le tapé los oídos a Julian con las manos. Por eso no pude taparme los míos. Así que lo oí.



   Cian niega con la cabeza.

   —Los ruidos. Todavía los oigo. Se repiten en mi mente como una cinta que suena una y otra vez. No sé cómo se enteró de que nos íbamos de casa otra vez.

   —¿Era médico?

   —Sí —contesta ella, que sabe lo que eso implica. Que él podría haberse enterado de mil maneras. Que su consulta, o sus colegas, podría estar vinculada con el centro de acogida o con el personal que atendía a las mujeres. Le ha dado muchas vueltas. Por su profesión, tenía aún menos credibilidad su madre. Por quién era—. Cabrón. —Y se le atasca la palabra en la garganta.

   Cian nunca ha oído a Maia decir palabrotas y, sin querer, arquea las cejas. Espera que ella no lo haya visto.

   —Los insultos se quedan cortos. Puedes decir lo que quieras de él. Lo entenderé. O al menos lo intentaré.

FLORENCE KNAPP - "Los nombres" - (2025)


Imágenes: Eva Navarro

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