Desapegos y otras ocupaciones.

martes, 30 de junio de 2026

UN TRÍO, NADA DEL OTRO MUNDO




De la debilidad de Camila nacía su vigor. No puedo negar que esa maestría y soltura con que llevaba a cabo sus planes era una de las cosas que me fascinaban de ella. Sí, sus planes. Podría decir perfectamente que fue ella la encargada de las atracciones, la cohesión, las afecciones y la desintegración de nuestra historia. No era que yo no participara, lo que quiero decir es que Camila padecía de un apetito vital mayor al mío y yo no tenía problemas en acceder a sus propuestas. Padecer es sentir algo como perjudicial o dañino. Secretamente, creo que la ansiedad de Camila se la comía a ella, a la mujer que era, como si apuntara un revólver en direcciones contrarias y de pronto se disparara en la cara. Se la podía ver tranquila hasta que llegaba el momento de quemar otro cartucho: hablo desde tener una hija hasta experimentar cierto tipo de experiencias que en mí podrían haberse mantenido como simples fantasías.




   La etapa del hastío es la que considero la más álgida en nuestra relación. Cuando sientes rabia, tristeza, miedo o repulsión incluso, es que aún sigues ahí. Pero si con el paso de los días descubres que estás tan aburrido como un adolescente oyendo a un adulto, como un niño con pataletas, es porque has entrado en una extensa y honda llanura. Supongo que eso fue lo que le ocurrió a Camila cuando me expresó su urgencia. Fue la primera señal, pero eso lo distingo ahora. Un trío, nada del otro mundo en miles de parejas y su historial de incursiones sexuales. Le puso una sigla, como a casi todo lo que hacíamos afuera y adentro, porque siempre había que tener cuidado y establecer un sistema formal que también tuviera algo de juego, que también tuviera algo de oscuro. En su nueva obsesión había un componente distinto, una suerte de marcada imposición; mi diligencia esta vez era más necesaria que nunca y esto no era solo un experimento, pero no le pregunté nada, yo confiaba en ella. Quiero que quede claro: confiaba excesivamente en ella.



   Tenía que ser dentro de esos días, sin rango de demora. Coincidimos en que fuera con otra mujer: «Dos hombres por ningún motivo, exceso de energía masculina», ella tenía la última palabra pero yo también votaba por una mujer, no por cuestión de energías sino de gustos. La que elegimos era bella y exquisita. Suelo hacer distinciones detalladas de las cosas y de la gente, le dedico tiempo al tiempo que transcurre entre las personas. Esto es importante, pues es una de las cosas que Camila decía amar de mí. Entró con holgura y por mi mente pasaron escenas posibles que jamás hicimos, pero lo que hicimos estuvo bien. Me sentí afortunado de tener a merced a dos cuerpos y de yo estarlo también. No soy de los que da detalles técnicos, aunque sí me jacto de haber estado ahí. Pero no lo repetiría. Camila, en cambio, quería más. No le comenté nada, esperé a que ella me lo comunicara. No estaba seguro si quería repetir exactamente lo mismo y con la misma mujer, o si se abría un abanico de posibilidades y el sexo, lo sé ahora, era una excusa para lo que vendría a continuación, o lo que ya estaba sucediendo a mis espaldas. De Camila podían esperarse cosas así. No hay que ignorar esto.

BERNARDITA BRAVO PELIZZOLA - "Voraz" - (2024)


Imágenes: Ugo Rondinone

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