Desapegos y otras ocupaciones.

viernes, 19 de noviembre de 2021

SOY LA MÚSICA

   


   He venido a llevarme mi trofeo.

   Está aquí, en el ataúd. La verdad es que ya es mío, pero un buen músico espera con respeto a que se hayan tocado las últimas notas. La melodía de este hombre ha terminado, pero sus allegados han venido de muy lejos para añadir unas cuantas estrofas, una especie de coda.

   Escuchemos.

   El cielo puede esperar.

   »¿Os doy miedo? No hay porqué. No soy la muerte. ¿Un siniestro encapuchado con guadaña, envuelto en olores de putrefacción? «Por favor», que dirían vuestros jóvenes.

   Tampoco soy el Sumo Juez a quien tarde o temprano todos teméis. ¿Qué derecho tengo yo a juzgar una vida? He estado con los malos y con los buenos. Respecto a las fechorías que haya podido cometer este hombre, no tengo veredicto, como tampoco evalúo sus virtudes.

   Sé mucho de él, eso sí: los hechizos que urdía con su guitarra, las multitudes seducidas por su voz, grave y sedosa.

   Las vidas que cambió con sus seis cuerdas azules.

   Podría contarlo.

   O descansar.

   Siempre reservo tiempo para descansar.

   ¿Os parezco esquiva? Puedo serlo, a veces. También soy dulce y tranquilizadora, y disonante e iracunda, y difícil, y simple, apaciguadora como arena que se vierte, penetrante como el alfiler.

   Soy la Música, y vengo a llevarme el alma de Frankie Presto. Bueno, toda no, solo lo que tomó de mí al llegar al mundo, que no fue poco. No pertenezco a nadie, ni siquiera a quien mejor me usa. Estoy en préstamo. Nadie se va sin haberme devuelto.

   Recogeré el talento de Frankie para esparcirlo en otras almas recién nacidas, como haré algún día con el vuestro. Por algo alzáis la vista al oír vuestra primera melodía o seguís con el pie el ritmo de un tambor.

   Todos los seres humanos son musicales.

   Si no, ¿por qué os habría dado Dios un corazón que late?

      MITCH ALBOM - "Una música prodigiosa" - (2012)


Imágenes: Sofia Bonati

martes, 16 de noviembre de 2021

ME HE CONVERTIDO EN UNA PERSONA DAÑADA

 


   Quiero que sepas, Valentina, que sin ti no lo habría conseguido. Lo digo en serio. Si un día te lo preguntaran, en uno de esos juegos de sociedad tan del gusto de los escritores judíos, podrías decir que le has salvado la vida a alguien. A mí. Sentándome frente a ti, noche tras noche, durante todo un año. Mi año en el reino de la idiotez. Hablándome, aunque sabías que no te escuchaba. Teniéndome a tu lado, estuviera como estuviera. Sé lo difícil que fue. Mi desesperación, desproporcionada para lo que me estaba sucediendo, era enorme e incomprensible. Y por eso, por haberla soportado sin demostrármelo siquiera, te estoy todavía más agradecida.

   Lo hiciste porque me quieres. Y porque era evidente que estaba hundida. No escondía el desánimo, la incapacidad para reaccionar, la angustia que me subía a oleadas, como la leche al pecho de una madre. Pero lo que mostraba, lo que te decía, era solo una parte de la verdad. Y aun siendo grotesca, no era la peor. Lo verdaderamente repugnante, todas las cosas horribles y desquiciadas que hice, las mantuve ocultas. No te las contaba porque me avergonzaban. Esperaba que las intuyeses, pero objetivamente era imposible. Nunca habrías podido imaginarlas, conociéndome.


   Por eso he decidido contártelas ahora. Quiero decirte lo que de verdad pasó en el año que comenzó con la llamada que Davide olvidó cortar. No porque crea que te doy algo agradable, no regalas bolsas llenas de basura a las personas que quieres. Ni porque esté obsesionada por el deseo de ser honesta contigo. Creo que para ti y para mí no hay diferencia. La cuestión, ya lo sabemos, nunca es la verdad, sino el bien.

   Y tampoco te cuento esta historia para mostrarte lo que he aprendido, porque no he aprendido nada. No he extraído ninguna máxima que pueda serme útil en otro momento, no he reforzado mis defensas, no me he vuelto mejor. Tampoco estoy segura de que me haya servido de lección como para evitar que me vuelva a suceder. Al contrario. Ahora sé que nada te mantiene de verdad a salvo de la estupidez, menos aún lo que crees ser, las herramientas que llevas contigo. La inteligencia, la experiencia, los libros. Nada. Y saberlo no me hace más fuerte sino, al contrario, más frágil y más triste. Como los ancianos que caminan cautelosos porque saben que sus huesos pueden desmigarse con solo un paso en falso.

   Me he convertido en una persona dañada.

   Cuando te sucede algo malo, un accidente, una enfermedad, o algo estúpido pero increíblemente doloroso como me sucedió a mí, te conviertes en una persona dañada. Para siempre. Soy como un utensilio cualquiera que ha caído al suelo. Lo arreglas y vuelve a funcionar, pero conserva dentro el trauma de la caída. No sabemos cuándo, ni siquiera sabemos si pasará, pero podría estropearse otra vez. Y sería una consecuencia de esa antigua caída.

   Como te decía, Davide me llamó y después no colgó.

   Pero ¿por qué no colgué yo?

ELENA STANCANELLI - "La mujer desnuda" - (2016)


Imágenes: Paul X Johnson

sábado, 13 de noviembre de 2021

LA TEORÍA DEL ABURRIMIENTO

 


   De todos mis amigos, el que más teorías tiene es mi amigo Gur. Y de todas sus teorías, la teoría con más probabilidades de ser cierta es sin duda alguna la del aburrimiento. La teoría del aburrimiento de Gur sostiene que la causa de casi todo lo que sucede en el mundo es el aburrimiento: los amores, las guerras, los inventos, los estucados de las paredes… El noventa y cinco por ciento de todo es puro aburrimiento. En el cinco por ciento restante incluye, por ejemplo, la paliza de muerte que recibió en el metro de Nueva York hace dos años, cuando dos negros lo atracaron. Y no es que aquellos dos no estuvieran también un poco aburridos, no, pero parecían mucho más hambrientos que otra cosa. El concepto ese, y desde todos sus puntos de vista, le gusta explicarlo en la playa, cuando ya está demasiado cansado como para seguir jugando a las palas o para meterse en el agua a nadar. Y allí estoy yo, escuchándolo por enésima vez, con la oculta esperanza de que hoy, por fin, llegue una tía buena a nuestro trozo de playa. Y no es que vayamos a intentar ligar con ella ni nada parecido, sino sólo por tener donde fijar la vista.

ETGAR KERET - "Un hombre sin cabeza" - (2012)


Imágenes: Cristina Mittermeier

miércoles, 10 de noviembre de 2021

SOY NEGRO, MACHO Y MALO

 


    Pudo haber sido peor, créanme. Tardaron un día en decidirse. Prodan. Sahumerio. Violeta. Imaginaba salir al mundo como Violeta y me meaba por los rincones. A ver si entienden: soy negro, macho y malo. Aunque ahora me vean así, entubado, a punto de ser fiambre. Fue un accidente, le pudo pasar a cualquiera. Y no es verdad lo que dicen: no soy estúpido, soy curioso. Si veo algo que se mueve debajo de las hojas… lo muerdo. Disculpen, me disperso, ya sé… no es fácil si Lala me acaricia así. Y no estaría bien visto, un perro moribundo con una erección.

   Pero lo que me excita, más que sus caricias, son sus lágrimas. Porque Lala nunca llora. No lloró cuando la dejó la Guayi ni cuando se murió Brontë. El mentón le tembló un poquito el día que me vio en la jaula. No tuvo ojos para ningún otro. Aunque la turra de la veterinaria le dijo que el de al lado tenía mejor trompa, ella me quiso a mí. No paró de hablarme hasta que llegamos a casa (siempre me trató como a un adulto). Y ese día sellamos nuestro pacto: yo era un regalo para Sasha, su madre, pero era suyo. La meé un poquito, para decirle que entendía. Y entendió.

LUCÍA PUENZO - "El niño pez" - (2004)

Imágenes: Lin Zaoyu

domingo, 7 de noviembre de 2021

UNA VIDA NORMAL Y CORRIENTE

 


Mientras tanto, ella no le ha hablado a nadie de Guil –a excepción del psicólogo de Erán–, porque aún no tiene nada que contar. No se ha enamorado de él ni ha pasado nada entre ellos. Y puede que también porque cree que, si no cuenta nada a nadie, entonces sí pasará algo, del mismo modo que cuando cocinas algo hay que tapar la cazuela; eso oyó una vez decir a una escritora en un programa de televisión para explicar por qué mientras estaba escribiendo un libro no le enseñaba a nadie nada de él.

 Entre ellos todavía no ha habido contacto físico, excepto un roce de labios en la mejilla al saludarse y despedirse en cada cita. ¿Y si Guil, no obstante, sigue viéndose con otras mujeres? La mayor parte del tiempo, Orna tiene la sensación de que se encierra en unas determinadas ideas y sentimientos y que simplemente así consigue funcionar, como si los encuentros con Guil fueran parte de su intento de estar en activo con el fin de aparentar que lleva una vida normal y corriente.

DROR MISHANI - "Tres" - (2018)


Imágenes: Cristina Coral

jueves, 4 de noviembre de 2021

TRASTORNO EXPLOSIVO INTERMITENTE

   



   Vamos a una sala de conferencias donde han instalado una máquina, un par de gafas provistas de cables y una pantalla.

   —Tendrá que ponerse las gafas; simplemente registran los movimientos de los ojos —dice Rosenblatt—. Y en esta pantalla aparecerá una serie de palabras. —Me entrega un pulsador pequeño conectado con la máquina, al igual que las gafas—. Por favor, púlselo cada vez que una palabra le suene familiar en el contexto de su relación con su hermano. ¿Preparado?

   —Sí.

   Aparece la primera palabra. «Flor.» Pulso.

   —¿Ha pulsado adrede? —pregunta Rosenblatt.

   —Sí, George adora las flores.

   La segunda palabra: «Benigno.» No pulso.

   «Comprensivo.» Mi dedo descansa.

   «Ira.» Clic.

   «Antagonismo.» Dos clics.

   —¿Ha pulsado dos veces adrede?

   —No lo sé.

   «Hostilidad.» «Despecho.» «Rencor.» Uno, dos, tres clics.

   «Benevolente.» Con gatillo fácil, casi pulso.

   «Amable.» Descanso el dedo, respiro.

   «Cálido.» Los dedos se me entumecen a causa de la inacción.

   «Herida.» «Aniquilar.» «Bravucón.» De lo más evidente: clic, clic, clic.

   «Apegado.» Clic.

   La pantalla se apaga.



   —¿Está familiarizado con el trastorno explosivo intermitente: TEI? —pregunta Rosenblatt.

   —Suena a trastorno intestinal —digo.

   —A menudo se describe como «demencia parcial». Es más común de lo que usted cree, la incapacidad de contener el impulso agresivo, la extrema expresión de cólera, una furia incontrolable. Estoy pensando que es lo que existe aquí.

   ¿Por qué estoy esperando que diga «obra del diablo»?

   Rosenblatt prosigue.

   —En una situación como la presente no sólo es clara una cosa, sino muchas: la química, el estrés, los fármacos, el estado de ánimo y otra inestabilidad mental. Vamos hacia un diagnóstico multifacético y un enfoque de tratamiento prolongado.

   —¿Le van a dar un electrochoque?

   —No, pero personalmente pienso que puede ser un candidato para algunas de nuestras técnicas psicoquirúrgicas más recientes, como la irradiación con bisturí gamma o, más probablemente, la estimulación del cerebro profundo. Le implantamos algo parecido a un marcapasos; hacemos un agujero con un trépano, colocamos tres plomos, implantamos un neuroestimulador de pilas, calibramos la estimulación. No carece de efectos secundarios (cierto declive de la función ejecutiva) y, por supuesto, somos conscientes de lo que podría decir el tribunal si exponemos que su hermano ha accedido a someterse a una cirugía cerebral experimental.


   Me horroriza lo que me está diciendo. Pensé que podrían sacarse de la manga algo raro, pero no se me había ocurrido la idea del viejo punzón que te abre la bola del coco.

   —Es decir, ¿me está hablando de algo parecido a una lobotomía?

   —Yo no lo llamaría así, pero cae dentro del mismo epígrafe.

   —Y en los tribunales, ¿cree usted que una cirugía cerebral favorece o perjudica?

   —Desde luego demuestra que hemos adoptado un enfoque agresivo. Yo diría que favorece.

   —¿Y qué dice George?

   —No lo sabe todavía; nadie lo sabe. Ni siquiera se lo he dicho a Gerwin. Estoy haciendo una investigación y luego expondré mi tesis.

   —¿Usted se sometería a una psicocirugía? —pregunto, sabiendo que yo nunca lo haría.

   —Con los ojos cerrados, y lo digo sin segundas —dice—. Ni siquiera me importaría practicármela yo mismo.

   —Interesante —digo, y es decir poco. Es una puta locura, es lo que estoy pensando.

A. M. HOMES - "Ojalá nos perdonen" - (2012)


Imágenes: Emiliano Ponzi

lunes, 1 de noviembre de 2021

CHARLES CHAPLIN NO EXISTIÓ

 


    —El cine no es lo que parece, sino que es otro mundo, y la realidad tampoco es la realidad. Eso es lo que ellos creen, a mí no me preguntes. Ah, y Charles Chaplin no existió. No pongas esa cara, ya sé que es una parida mental, pero tú querías saberlo.

   —¿Y Charlot?

   —Pues ahí está el tema, que Charlot sí existe. Humphrey Bogart tampoco existió, pero el tío del café de Casablanca sí, y también la tía, pero no Ingrid Bergman. No existieron Orson Welles ni John Wayne, pero sí el ciudadano Kane y el vaquero de Centauros del desierto. También dicen que los actores vivieron alguna vez, que en algún momento hubo un hombre que se llamó Charles Chaplin, pero las películas que hizo Charlot anularon a Chaplin hasta tal punto que fue como si nunca hubiera existido. Alfred pone un ejemplo muy bonito: dice que es como el bloque de piedra cuando se convierte en una escultura, que deja de ser para siempre un bloque de piedra, aunque quizá no del todo, ¿entiendes? Como si la escultura se tragara al bloque de piedra. Esto pasa con toda obra de arte, pero resulta que en el cine la obra de arte es el personaje, y el actor desaparece en él y deja de existir…



   —Creo que se refieren a que hay personajes que son más famosos que el actor que los interpreta.

   Gemma negó con la cabeza.

   —No, no es eso. El actor desaparece y el personaje sigue vivo. Lázaro dijo un día que era como quemar leña: los troncos se vuelven negros, se hacen cenizas, pero surgen las llamas. El actor pierde luz y se vuelve oscuro como nosotros, pero su sombra persiste y vive por él, a pesar de que es falsa.

   —¿Falsa?

   —Esto es lo más complicado: el personaje es falso pero existe, el actor es real pero no existe. ¿Eres capaz de entenderlo?

JOSÉ CARLOS SOMOZA - "La ventana pintada" - (1998)


Imágenes: Ana María Hernando