Desapegos y otras ocupaciones.

viernes, 12 de marzo de 2021

LA OSCURIDAD ES UN LUGAR

 


El coche se pone en marcha y enfila el camino levantando una polvareda roja. El color de esa tierra desconcierta a la niña. ¿Por qué es roja? En alguna parte del mundo está el mar Rojo. Esto lo sabe porque su madre le lee pasajes del Antiguo Testamento en voz alta, solo para demostrarle las maneras ingeniosas con las que Yahvé se dedicó a salvar a los israelitas
 y el poco interés que demuestra, en cambio, con esta familia de porquería. Pero Lucia duda que el mar Rojo tenga algo que ver. Esa tierra es roja porque sí: para desesperar, para que la sensación de calor y agobio sea mayor. Cuando llueve, cosa que pasa con frecuencia y de manera intempestiva, se forman regueros que parecen sangre. 

El padre da un volantazo y coge un desvío. Otro más. 

Porque el camino por el que iban hasta hace un instante era, a su vez, también un desvío. Hace mucho tiempo que dejaron las rutas principales y viven en los márgenes. Hay días que Lucia tiene la sensación de que están muertos, solo que no lo saben.

ARIADNA CASTELLARNAU - "La oscuridad es un lugar" - (2020)

Imágenes: Aron Wiesenfeld

martes, 9 de marzo de 2021

LA CÁRCEL NUNCA SALE DE UNO

 


¿Sabes qué, Marina?, deberían fusilar en retroactivo al cabrón que inventó la cárcel. Eso de expulsarlo a uno de la vida es lo más cruel del mundo. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa y eso del exilio tras los barrotes es de las cosas más cosificantes que hay entre las cosas y que terminan por hacerlo a uno algo menos que una cosa. Porque una cosa es una cosa y otra ser una cosa y solo una cosa. Y uno puede salir de la cárcel, pero la cárcel no se sale nunca de dentro de uno y lo peor es que tampoco se les sale a los demás, a los de afuera. Vas para el bote, para la sombra, para la jaula y aunque estés ahí solo un par de semanas, ahí va la cárcel contigo para todos lados. Si en Nueva Inglaterra a las mujeres adúlteras les tatuaban una A en la frente, a los presos les tatúan el alma para que nunca olviden su condición de reos perpetuos. La cárcel no la saca uno de uno ni tallándola con agua y jabón. No sale ni aunque te declaren inocente. No sale ni aunque te brinden terapia cuarenta psicoanalistas. No sale aunque tu familia te reciba con un pastel y con globos y te canten “porque es un buen compañero, porque es un buen compañero…”. 

La cárcel no se sale de uno jamás. La condena es para siempre. ¿O creen que a uno se le salen los olores, los ruidos, los miedos, las dudas, la incertidumbre, las palizas, el frío, el calor, las vueltas al patio, las amenazas, las advertencias, las miradas de reojo, las botellas de plástico afiladas como cuchillos, los pasos a tu espalda, los gritos, las órdenes, las burlas, las humillaciones, el óxido de los barrotes, las paredes descascaradas, el verde pistache de los muros, la peste a mierda, la comida que apesta a mierda? Señoras y señores, damas y caballeros, niñas y niños: UNO SALE DE LA CÁRCEL, PERO LA CÁRCEL NUNCA SALE DE UNO. Punto y aparte. No les crean ni a abogados, ni a sacerdotes, ni a jueces, ni a psicólogos, ni a trabajadoras sociales, ni a mamás abnegadas, ni a hijos felices, ni a padres comprensivos, ni a empleadores de buena fe. La cárcel nunca, nunca, nunca, nunca sale. Se queda ahí incrustada, un quiste imposible de extirpar. ¿Eso puedes o podrás entenderlo en algún momento, Marina?

GUILLERMO ARRIAGA - "Salvar el fuego" - (2020) 


Imágenes: Dani "King" Heriyanto

sábado, 6 de marzo de 2021

EN MI CASA SIEMPRE HA HABIDO UN TELEVISOR


   En mi casa, que yo recuerde, siempre ha habido un televisor. Este hecho me ha proporcionado desde niño una gran libertad para hacer y deshacer a mi antojo, ya que mi madre, durante el horario en el que emitían sus programas predilectos —esto es, la mayor parte del día— me consideraba un muchacho bueno y responsable. Sólo durante los minutos que duraba el informativo —que no atraía ni un ápice de su atención— debía yo rendirle cuentas de mi comportamiento a lo largo de la jornada. En mis ya sobrepasadas cuatro décadas de vida, con pocos objetos estoy tan en deuda como con la vieja televisión de nuestra sala de estar. Tengo la fundada sospecha de que, cuando mi padre nos abandonó, fue la fuerza atractiva del televisor y no el amor que pudiera sentir por su hijo lo que hizo que mi madre no se fuese tras él y se quedase en casa, conmigo. Mi padre se dio a la bebida y eso le llevó a alejarse de mí lo antes que pudo. Mi madre, sin embargo, se dio a la caja tonta, y esto fue lo que la encadenó a su vida de siempre, a su barrio y a su retoño. Con el paso de los años, obedeciendo a ese fenómeno tan humano y tan curioso que suele convertir las costumbres familiares en tradiciones casi inquebrantables, la de la televisión se convirtió en la única luz de la casa que mi madre y yo nos permitíamos tener encendida prácticamente las veinticuatro horas del día.

ALBA CARBALLAL - "Tres maneras de inducir un coma" - (2018)

Imágenes: Ouka Leele

miércoles, 3 de marzo de 2021

EL TEMBLOR DE LO QUE ES ÚNICO

   


  Se trata de esa cosa, prosiguió muy despacio, que sale de la persona hacia fuera sin que ella lo pueda controlar. Eso que seguramente solo una persona lo tenga en el mundo.

 La irradiación de la personalidad, pensé, ese resplandor interior. O la oscuridad interior. El secreto, el temblor de lo que es único. Todo lo que va más allá de las palabras que describen a una persona, más allá de las vicisitudes por las que haya pasado, más allá de las cosas que se vieron truncadas y que lo distorsionan. Eso mismo que cuando empecé a ejercer de juez me juré, inocente de mí, que buscaría en cada una de las personas que compareciera ante mí, ya fuera un acusado o un testigo. Que nunca sería indiferente a ello. Que eso es precisamente lo que tendría en cuenta en el momento de dictar sentencia.

   Ya hace casi tres años que no ejerzo de juez, le confesé de repente, hace tres años que estoy, por decirlo de alguna manera, retirado.

   


   ¿Ya? ¿Qué pasó?

   Por un momento dudé si contárselo.

   Me fui, le dije, me prejubilé.

   ¿Y qué haces ahora?

   Nada de particular. Estoy por casa. Me ocupo del jardín. Leo.

   Se quedó callado. Me di cuenta de que se ponía en guardia y eso me gustó.

   Lo que pasó, me encontré diciéndole, para mi sorpresa, es que mis sentencias empezaron a ser demasiado enérgicas para el gusto del sistema.

   Ah, ya…, murmuró él.

   Demasiado agresivas, añadí con una risita, el Tribunal Supremo me las revocaba siempre.

   También le conté que protagonicé algunos ataques de ira contra los testigos que mentían con toda desfachatez, contra los procesados que les habían hecho cosas terribles y abominables a sus víctimas y también contra sus abogados, que seguían torturando a esas mismas víctimas en sus turnos de interrogatorio. Mi error, seguí contándole, como si conversáramos todos los días, fue decirle a un abogado famoso y muy bien relacionado que lo consideraba la escoria del género humano, y con eso, en realidad, me sentencié.

DAVID GROSSMAN - "Gran Cabaret" - (2014)

Imágenes: Jeff Faust

domingo, 28 de febrero de 2021

SIN PESO NI POSO


 Ya se ve que las personas pueden atravesar tranquilamente la tierra ignorándolo todo, desde lo ocurrido en el mundo antes de su llegada hasta lo pensado por los filósofos y los escritores; desde quién fue Newton hasta qué fue Lo que el viento se llevó; qué enseñó Platón y cómo cantó Elvis Presley, hoy se borra todo con suma facilidad. A los gobernantes no parece importarles un planeta lleno de analfabetos virtuales y de ignorantes profundos. Al contrario, lo propician por todos los medios, con unos planes de educación cada vez más «lúdicos» y más lelos, en los que se prima lo estrictamente contemporáneo, es decir, lo efímero y fugaz, lo obligatoriamente sin peso ni poso, lo forzosamente necio y superficial. Hace ya décadas que se crean sujetos para los que el mundo empieza con su nacimiento, a los que les trae sin cuidado saber por qué somos como somos y qué nos ha traído hasta aquí; qué hicieron nuestros antepasados y qué pensaron las mejores mentes que nos precedieron. Para colmo, se ha convencido a estos cerebros de conejo de que son «la generación mejor preparada de la historia», cuando probablemente constituyan la peor, con frecuencia primitivos atiborrados de información superflua y sólo práctica.

JAVIER MARÍAS - "La zona fantasma" - (2018)

Imágenes: Ilhwa Kim

jueves, 25 de febrero de 2021

LA DETECTIVE MIOPE


Repasó ante mí el currículum que le había enviado.

 —Me parece todo excelente, señora Ricart. Justo lo que andaba buscando.

 Excelente. ¿Se dan cuenta? Había dicho excelente. Era verdad, pero antes de que esa burbuja reventara, decidí pincharla yo misma:

 —¿Sabe que he pasado varios meses en una clínica psiquiátrica, verdad? Siete, para ser exactos.

—Para eso he leído el currículum, señora.

Empezó a llamarme Irene cuando le devolví el contrato firmado.

—Sólo le encuentro un problema.

Lo miré.

—Un buen detective tiene que tener el don de hacerse invisible, como si fuera transparente. No dudo de que usted goce de esta capacidad, pero sus ojos me preocupan.

—¿Mis ojos?

¿Había descubierto mi considerable miopía? Era lo único que le había ocultado, pensando que nadie contrata a una detective corta de vista, cuando en realidad a quien nadie contrata es a una detective recién dada de alta de un manicomio.


 (...) No se lo dije, pero me dolía que estuviera allí. Es mi hermana menor, nos llevamos cuatro años, por eso es indiscutiblemente mi hermana pequeña y los hermanos pequeños no deberían cuidar de los mayores. Los hermanos pequeños están ahí para que los mayores nos hagamos cargo de ellos, incluso contra nuestra voluntad. Los hermanos pequeños llegan casi siempre sin que los pidamos y vienen a destronarnos y obligarnos a crecer deprisa mientras ellos se permiten apurar todos los días de la infancia. Los hermanos pequeños están para cargarnos y ponernos en evidencia, para que nos sintamos fuertes y listos, para rompernos los juguetes y pintarrajearnos los libros, para que nos caigan broncas inmerecidas y para que les ganemos al ajedrez. Pero no están para cuidarnos. Eso va contra el orden natural de las cosas.

  Sin embargo, ahí tenía yo a mi hermana pequeña ocupándose de mí.

ROSA RIBAS - "La detective miope" - (2010)

Imágenes: Aniela Sobieski

lunes, 22 de febrero de 2021

DAMARIS NO HABÍA PODIDO TENER HIJOS

 


Damaris no había podido tener hijos. Se juntó con Rogelio a los dieciocho y llevaba dos años con él cuando la gente empezó a decirles “¿Para cuándo los bebés?” o “Qui’hubo que se están demorando”. Ellos no estaban haciendo nada para prevenir el embarazo y entonces Damaris comenzó a tomar infusiones de dos hierbas del monte, la María y la Espíritu Santo, que había oído decir que eran muy buenas para la fertilidad.

 En esa época vivían en el pueblo, en una pieza alquilada, y ella recogía las hierbas en el acantilado sin pedirles permiso a los dueños de las propiedades. Aunque se sentía un poco deshonesta, consideraba que esas cuestiones eran asunto suyo y de nadie más. Las infusiones las preparaba y tomaba a escondidas, cuando Rogelio salía a pescar o cazar.

 Él empezó a sospechar que Damaris andaba en algo y la siguió como a los animales que cazaba, sin que ella se diera cuenta. Cuando él vio las hierbas creyó que eran para hacer brujería, le salió al paso y la enfrentó furioso.

 —¡¿Para qué es esa mierda!? —le dijo—. ¡¿Vos en qué estás?!

 Lloviznaba. Estaban en medio del monte, en un lugar muy feo donde habían cortado los árboles para que pasaran los cables de la luz. Los troncos podridos que todavía quedaban en pie parecían las lápidas descuidadas de un cementerio. Él llevaba puestas sus botas pantaneras y ella, que estaba descalza, tenía los pies cubiertos de barro. Damaris agachó la cabeza y en voz baja le contó la verdad. Él se quedó un rato en silencio.

 —Yo soy tu marido —le dijo por fin—, vos no estás sola en esto.

 Desde ese momento fueron juntos a recoger las hierbas y preparar las infusiones, y por las noches discutían los nombres que les pondrían a sus hijos. Como no lograron ponerse de acuerdo en ninguno, decidieron que él escogería los de los varones y ella los de las hembras. Querían tener cuatro, ojalá una pareja de cada sexo. Pero pasaron otros dos años y ya tuvieron que explicarles a los que preguntaban que el problema era que ella no quedaba embarazada. La gente empezó a evitar el tema y la tía Gilma le aconsejó a Damaris que fuera adonde Santos.

 Aunque tenía nombre masculino, Santos era una mujer, la hija de una negra del Chocó y un indígena del bajo San Juan. Conocía de hierbas, sabía sobar y curaba con secreto, es decir, invocando palabras y rezos. A Damaris le hizo un poco de cada cosa y cuando vio que fracasaba le dijo que el problema debía ser de su marido y lo mandó llamar. Aunque se notaba incómodo, Rogelio se tomó todos los bebedizos, aceptó todos los rezos y soportó todas las friegas que le hizo Santos, pero entre más tiempo pasaba sin que se produjera el embarazo más reacio se ponía y un día anunció que ya no iría más. Damaris lo tomó como un ataque en contra de ella y le dejó de hablar.

 Aunque no dejaron de vivir juntos ni de dormir en la misma cama, estuvieron tres meses sin dirigirse la palabra. Una noche Rogelio llegó medio borracho y le dijo que él también quería un hijo, pero sin la presión de Santos ni de ninguna hijueputa hierba, friega o rezo, y que si ella quería él estaba ahí para que lo siguieran intentando. La pieza donde vivían era el cuarto trasero de una casa grande que hacía mucho tiempo había dejado de ser la mejor del pueblo. Ahora estaba malparada, con comejenes y roña, y la pieza era tan estrecha que apenas cabían la cama, su viejo televisor de caja y una estufa a gas de dos boquillas. Pero tenía una ventana que daba al mar.

 Damaris se quedó un rato junto a la ventana sintiendo en su cara la brisa con olor a hierro oxidado. Cuando él terminó de desnudarse y se acostó, ella cerró la ventana, se tendió a su lado y empezó a acariciarlo. Esa noche tuvieron relaciones sin pensar en hijos ni en nada más y ya no volvieron a hablar del tema, aunque a veces, al enterarse del embarazo de alguna conocida o del nacimiento de un niño en el pueblo, ella lloraba en silencio, apretando los ojos y los puños, luego de que él se quedaba dormido.

PILAR QUINTANA - "La perra" - (2017)

Imágenes: Jorge Idárraga