Desapegos y otras ocupaciones.

lunes, 29 de enero de 2024

TODOS HEMOS SIDO ESTA PERSONA


No le he puesto nombre; yo lo llamo mi sistema. Supongamos que una persona está con la depre, o tiene el día vago, y deja de fregar los platos. A los pocos días hay un ochomil de platos en el fregadero y se diría que es imposible limpiar ni siquiera un tenedor. La persona en cuestión empieza a utilizar tenedores sucios y platos sucios para comer y esto hace que se sienta como un sintecho. En consecuencia, deja de bañarse. Y cada vez es más difícil salir de casa. La persona empieza a tirar basura por todas partes, a mear en tazas porque le quedan más cerca de la cama. Todos hemos sido esta persona, así que la censura está fuera de lugar, pero la solución no puede ser más simple:

     Menos platos.

     Así, si no los lavas no se amontonan tanto. Esto es lo principal, pero añadamos:

     Nada de trasladar cosas a cada momento.

     ¿Cuánto tiempo inviertes en mover cosas de acá para allá? Antes de llevar una cosa muy lejos de donde está, recuerda que tarde o temprano vas a tener que trasladarla otra vez a donde estaba: ¿merece la pena? ¿No puedes leer el libro de pie, junto a la estantería, con el dedo metido en el hueco donde lo vas a dejar? O mejor todavía: no lo leas. Y si es que tienes que transportar algún objeto, asegúrate de coger también cualquier otra cosa que deba ir en la misma dirección.


 A eso lo llaman carpooling. ¿Pastilla de jabón nueva para el cuarto de baño? Mejor espera a que estén listas las toallas de la secadora y aprovecha para llevarlo todo a la vez, toallas y jabón. Hasta entonces puedes dejar el jabón encima de la secadora. Y quizá mejor no dobles las toallas hasta la próxima vez que necesites ir al servicio. Llegado ese momento, mira si puedes apartar el jabón y doblar las toallas mientras estás sentada en el retrete, ya que tienes las manos libres. Antes de limpiarte, utiliza el papel higiénico para secarte el exceso de grasa en la cara. Hora de cenar: pasa de plato. Lleva la sartén a la mesa y ponla encima de un posafuentes. Los platos son un extra que puedes reservar para cuando tengas invitados y quieras que se sientan como en un restaurante. ¿Hace falta lavar la sartén? Si la utilizas solo para comer cosas saladas, no.

     Muchas de estas cosas las hacemos todos alguna que otra vez; con mi sistema las haces todas y siempre. Persevera; sin darte cuenta se convierte en algo automático, y así la próxima vez que estés con la depre funcionará por sí solo. Dado que soy rica, tengo en casa a una sirvienta las veinticuatro horas para que lo mantenga todo en orden. Y puesto que la sirvienta soy yo, nadie invade mi territorio privado. Mi sistema puede proporcionar una experiencia vital más llevadera. Los días transcurren plácidos, sin aristas, sin las pegas ni los desastres por los que la vida es famosa. Después de muchos días en soledad, va tan como una seda que a partir de un cierto momento ni me noto a mí misma, es como si no existiera.

MIRANDA JULY - "El primer hombre malo" - (2015)


Imágenes: Beccy Ridsdel

sábado, 27 de enero de 2024

HASTA LOS PROTONES ACABABAN DESINTEGRÁNDOSE

 


 Bajó los pies de la mesa, se levantó, sacó una botella de whisky de entre los rollos de película, se sirvió en el vaso donde había tomado leche en polvo, lo movió, se lo tomó de un trago, le preguntó si creía en Dios, se sirvió otro whisky y volvió a sentarse frente a ella, que, desconcertada por su pregunta, primero pensó responderle con aspereza, pero luego, intuyendo que le sonsacaría más cosas si le daba una respuesta seria, contestó que no podía creer en un Dios pues, por un lado, no sabía cómo imaginárselo y era incapaz de creer en algo que no lograra imaginarse en absoluto, y, por el otro, no tenía la menor idea de lo que él, que acababa de preguntarle por su fe, entendía bajo la palabra Dios, ese Dios en el que ella debía o no creer, a lo que él replicó que, si existía un Dios, este era puro espíritu y, como tal, pura observación, sin posibilidad de intervenir en el proceso de evolución de la materia que desembocaba en la pura nada, pues hasta los protones acababan desintegrándose, y en cuyo curso surgían y perecían la Tierra, las plantas, los animales y los hombres, solo siendo observación pura podía Dios permanecer incontaminado por su creación, cosa que también valía para él como cámara, pues también él debía limitarse a observar, de no ser así se habría descerrajado un tiro en la cabeza hacía tiempo, cualquier sentimiento como el miedo, el amor, la compasión, la ira, el desprecio, la venganza o la culpa no solo perturbaba la observación pura, sino que la hacía imposible, tiñéndola de sentimientos, de suerte que él se vería involucrado en aquel mundo asqueroso en vez de mantenerse al margen, la realidad se percibía objetivamente solo a través de la cámara, de forma aséptica, solo esta era capaz de fijar el tiempo y el espacio en los cuales se desarrollaba el acontecimiento, mientras que sin cámara el acontecimiento se desvanecía, apenas vivido era ya pasado, es decir, solo recuerdo y, como todo recuerdo, algo falseado, ficción, (...)

FRIEDRICH DÜRRENMATT - "El encargo" - (1986)

Imágenes: Sun-Hyuk Kim

jueves, 25 de enero de 2024

¿HACE CUÁNTO QUE NO LLUEVE?


Amanece y es domingo. Quizá jueves. Da igual. De ahora en adelante los días empezarán a acumularse sin medida, lo cual no significa nada porque si algo tiene este lugar es que los días son insoportablemente parecidos unos a otros. Nadie conoce el orden de los meses del año. Nadie sabe el día exacto de su nacimiento. Nadie recuerda con precisión la última vez que cayó agua del cielo. De hecho, cuando Lila pregunte: «¿Hace cuánto que no llueve?», los nativos le responderán: «Desde el último rugido del jaguar». Así entenderá que, en un lugar donde el tiempo se mide con sucesos, la última vez de la lluvia puede ser el más extraordinario de todos, a no ser que vuele el manglar y un cardumen de peces blancos sea arrastrado por las olas. O que llueva al revés después de que el felino ruja tres veces a una distancia demasiado corta para emprender la huida y demasiado larga para descifrar el mensaje oculto en las rosetas de su pelaje. Tal vez sea domingo y no ocurra nada de eso. O jueves, qué más da. Por ahora, amanece en un día cualquiera y merodean una, dos, tres moscas. Son molestas y sin embargo serán la menor de las molestias de Lila, pero ella aún no lo sabe. Lila no es una flor, es una mujer con nombre de flor, pese a no tener pétalos ni espinas ni raíces. A veces huele a abril. A veces a perfume caro. Hoy no es una de esas veces. Lo único importante ahora es que la mujer con nombre de flor se acuerde adónde amaneció y cómo llegó hasta allá y cuál fue la razón que la obligó a refundirse en aquel lugar recóndito en donde el tiempo se mide con sucesos extraordinarios, porque existe una razón, aunque ella se empeñe en esconderla.



   El zumbido de las moscas aumenta su intensidad. Cuatro moscas, cinco moscas, seis moscas. Anoche había sangre en la mano de Miguel. Ya está coagulada y, aun así, las moscas la sobrevuelan como si fuera un manjar. Tiene visos morados y verdosos que recuerdan a las auroras boreales, Lila las vio el otro día en la televisión. ¿Adónde está Lila y por qué hay sangre y auroras boreales? Sigue demasiado dormida para recordarlo. De anoche solo tiene algunos chispazos que aún no logran materializarse en recuerdos: una cama, cuatro piernas corriendo hacia un colchón desconocido, plagado de ácaros, polvo y mal de tierra; dos viajeros cansados y sudorosos intentando no rozarse entre sí para no generar más calor, para no provocar un incendio en aquella cabaña en medio de ninguna parte. Lila estaba cansada. Miguel estaba herido. Si estuvieran en la ciudad y fuera jueves, nada de lo anterior sería grave, pero la ciudad y el tiempo eran eso que habían dejado atrás hacía muchos kilómetros.

   A la medianoche, quizá un poco antes o después, Lila sintió unas patitas rasguñando la madera, merodeando por el borde de la cama. Imposible saber si fueron parte de un sueño o no. Eso es lo malo de dormir por primera vez en un lugar al que nunca antes se ha ido. No se conocen los sonidos. No se sabe quién pisa el mismo suelo, quién surca el mismo aire, quién habita el techo de hojas entrelazadas, quién se mete en los sueños. Chicharras, gruñidos, zancudos, un vasto coro de aullidos retumbando en el bosque. Miguel se rascaba. Lila se rascaba. Tres veces el currucutú, el crujir de hojas secas.

SARA JARAMILLO KLINKERT - "Escrito en la piel del jaguar" - (2023)


Imágenes: Firelei Báez

martes, 23 de enero de 2024

ES SOLO MÚSICA


De vuelta a casa, no dejé de darle vueltas a la idea. Formar una banda era la solución a todos nuestros problemas. Me sentía capaz de hacer algo importante con mi vida, algo que se encontraba fuera de todo lo establecido.

   Visité la biblioteca municipal y saqué discos y libros. Si iba a ser miembro de una banda, tenía que pensar como ellos lo hacían. Entre mis manos se encontraba Alta Fidelidad de Nick Hornby; Wouldn’t be Nice, una biografía sobre Brian Wilson y Por Favor Mátame, la historia oral del punk-rock. También saqué prestados Tommy de The Who y Rocket to Russia de The Ramones. El rock’n’roll en mis venas. Debía encontrar la manera de comprar un instrumento.

   Cuando entré por la puerta, sentí el olor a filetes de ternera que mamá estaba preparando para la cena. Mi padre leía el periódico en el sofá del salón con un vaso de vino en la mano.

   —No son horas de llegar a casa. Es martes, deberías estar preparando tus exámenes —dijo él con un tono de voz seco y monótono.

   —Joder, papá. Quedan dos meses.

   Puede que no fuera el mejor momento para abrir la boca. Nunca sabía si había tenido un buen día o no en el trabajo. Cuando las cosas iban bien, bebía para celebrarlo, y cuando había sido una jornada terrible, también.



   —¿Qué llevas ahí? —Dijo señalando mi mochila.

   —Nada. Está vacía —dije con torpeza.

   —No suena como una mochila vacía —dijo serio—. Vamos, no mientas. Soy tu padre.

   Un jodido mamón, pensé.

   Deseé que su vaso se hubiera derramado.

   Temeroso, saqué poco a poco lo que guardaba en ella.

   —Vaya… —murmuró—. Esto es lo que te llevas entre manos.

   —Es documentación… para un trabajo, ya sabes.

   Mi padre miró los objetos uno por uno. Después agarró el disco de The Ramones y me miró a los ojos:

   —¿Sabes dónde está toda esta gente ahora?

   Guardé silencio como alguien que machaca la cabeza de una persona con un bate de béisbol y se disculpa arrepentido.

   Conocía la respuesta.

   —Muertos. Están todos muertos por no escuchar lo que un día alguien les dijo. Por salirse del camino que les correspondía.

   Mientras hablaba, me imaginaba a mí mismo de adulto siguiendo el camino de mi padre y preferí estar muerto que convertirme en el amargado que me daba la paga cada viernes.

   —Es solo música —dije.

   —No, no lo es. Devuélvelos —dijo regresando a su diario y vaso de vino—. Olvídate, es una pérdida de tiempo. Lo agradecerás con el tiempo.

   Al cruzar el pasillo, mi madre miró con pena y compasión apoyada en el marco de la puerta y regresó a la cocina.

PABLO POVEDA - "Ella es punk rock" - (2015)


Imágenes: Bill Domonkos

sábado, 20 de enero de 2024

NOS IMPORTABA UNA MIERDA


Olía a bocadillos de tomate, atún en conserva. Por entonces, más de la mitad de los tíos de la clase ya bebíamos cerveza, aunque no nos gustara su sabor. La escuela secundaria es uno de esos limbos que deciden el porvenir de tu vida sin darte cuenta cómo ni cuándo. En aquellos días, lamentablemente, el resto de mi historia estaba más que resuelta.

   Sentados en un banco de madera esperando a que sonara la campana del recreo, algunas chicas desayunaban bollería en un extremo de la pista de baloncesto mientras otras miraban con recelo para mantener su delgadez.

   El tiempo les pasaría factura.

   A todas.

   La envidia es pasajera. Las mujeres con el tiempo enferman entre ellas, sufren histeria y dedican frente al espejo más tiempo que a su familia para que después, algún idiota las destroce emocionalmente con dos frases. Eso es lo que aprendí de mi hermana.

   Los días eran un completo aburrimiento, cumpliendo horarios marcados por un grupo de profesores que no les importaba el final de nuestras carreras, sufriendo el miedo de ser penalizados por no terminar el trabajo en casa.

   Si he de ser sincero, nuestra relación era equilibrada.

   Nos importaba una mierda.



   Aunque muchos de los que estudiaban conmigo tenían su pase para acabar en centros de rehabilitación, era difícil comprender cómo los demás aceptaban las reglas que nos imponía una panda de docentes con carreras de tres años. Lamentablemente, mi experiencia me avaló durante años como el exponente del servilismo, la sumisión y la ausencia de agallas.

   Mi padre era un completo cabrón, uno de los auténticos. No era necesario saber mucho de él cuando alguien lo escuchaba hablando por teléfono. Un depredador grandote y con ojos azules, capaz de hacerle la vida imposible a todo el que le llevara la contraria. Algunos decían que en el fondo no era más que un tipo con gran corazón preocupado por el bienestar de su familia. Para mí no era más que un desgraciado, aunque no dejaba de ser mi padre.

   Mi hermano Ismael se había convertido en su mano derecha después de terminar la carrera de Derecho y formar parte del bufete que regentaba. El siguiente era yo.

   Con mi hermana fue distinto, era su hija, y al menos tuvo alternativa para largarse a Londres, estudiar inglés y no regresar jamás. Aún recuerdo la noche en que se marchó. Helia vino hasta mi habitación y me despertó. Estaba oscuro, yo tenía siete años y ninguna idea sobre lo que ocurría. Me dio un beso en la frente y desapareció por la puerta. Ahora es cirujana y vive felizmente casada con Mark, un inglesito de Nottingham con aspecto de hooligan.

   Con carácter autoritario, mi padre era el tipo de hombre que solía dar consejos. Desde la niñez, todo lo que salía por su boca era lo correcto, y mi madre, una mujer dócil y humilde, no tenía más opción que apoyarle. Por tanto, así era yo, parte de la escoria adolescente que vivía con el miedo de defraudar a su familia conservadora.

PABLO POVEDA - "Ella es punk rock" - (2015)


Imágenes: Bill Domonkos

viernes, 19 de enero de 2024

MAMONES, PEDERASTIAS


Finalmente, Raimundo, quizás trastornado por la estridencia disonante del llanto (al fin y al cabo es músico), cede y se deja llevar por Eduardo, se da la vuelta y reemprenden el camino que llevaban. A su espalda, alejándose, se oye el llanto desesperado del niño, y en uno de los intervalos de los sollozos llega la voz del padre, Que te vea más por aquí piojoso, a los dos va por los dos.

   El Rai se tensa pero, para desactivarlo, es Eduardo el que reacciona y se vuelve:

   —¿Quieres candela no, carapapa? —busca con la mirada por el suelo.

   —Que no os vuelva a ver por aquí mamones, pederastias —grita sin dejar de alejarse.

   Berrea y se convulsiona el niño, hace de estatua el Rai y Eduardo encuentra lo que buscaba, dos, tres pedruscos de granito, bien cortados. Los agarra, ignora cómo le queman en la mano y emprende una carrerilla de lanzamiento, breve, potente, como la de un jabalinista, y con el mismo ímpetu que un atleta de esa disciplina corta bruscamente la carrera y lanza. Impecable, el proyectil traza una parábola perfecta: foco, directriz, parámetro, eje, vértice, radio vector, unidos a la potencia y dirección adecuadas, y = a × 2 + b × + c, hacen que la piedra llegue al pie del destino deseado, literalmente al pie del individuo de la camisa abierta y la panza prominente. El tipo suelta un aullido y una maldición y, advirtiendo que Eduardo se apresta para un nuevo lanzamiento, emprende un trote torpe, con el niño zarandeado y, a pesar de los vaivenes, empeñado en el llanto.



   El segundo proyectil alcanza el bulto, ese conglomerado que en la distancia forman padre e hijo. El sonido del impacto es sordo. Desde el lugar en el que se encuentran el Rai y Eduardo, imposible de precisar con detalle. El cálculo llega a través de los sonidos. Primero hay un instante de silencio absoluto, solo una motocicleta a escape libre rompe la quietud recalentada de los alrededores. Luego viene el grito del padre, una especie de alargamiento de la vocal i desgarrado y roto en algunas partes para introducir a pleno pulmón varias aes, como si de un modo primario tratase de imitar el sonido de una sierra mecánica, o algo parecido. Después llega el eco de las primeras palabras: Me lo habéis matado, me lo habéis matado, asesino, asesino, me lo habéis matado, me lo habéis matado etc. (siempre multiplicando por dos los enunciados). Asesino, asesino, insiste la cadencia doble ante el silencio preocupante del niño y la expectación de Eduardo Chinarro, arrepentido de su puntería o de la milimétrica imprecisión de la misma que ha llevado a estrellar la piedra contra el hijo y no contra el padre.

   Eduardo arruga la cara, intenta discernir. Demasiado calor, demasiada luz. Los árboles contienen la respiración, los bancos y las construcciones infantiles de plástico están a punto de derretirse. Eduardo mira al Rai, que se ha dado la vuelta y observa con curiosidad lo que sucede. Se encoge de hombros Eduardo. Abre la mano y deja caer la tercera piedra, el proyectil nonato.



   El padre de la criatura deambula desesperado de un lado a otro de la explanada, levanta una mano empañada en sangre, desde lejos la camisa también parece tintada de rojo. Se detiene y retoma la retahíla abandonada por unos instantes (Me lo habéis matado × 2, asesino × 2, criminal × 2, etc.), pero he aquí que en medio de la letanía surge, resurge, el aullido exasperado, renovado y también duplicado del niño. Sano, a pleno, y doble, pulmón.

   A Eduardo se le dilatan las pupilas, levanta las cejas al cielo y suelta una carcajada que contagia al Rai:

   —Vámonos Rai, vámonos primo.

   Y los dos empiezan a caminar siguiendo el sentido que llevaban cuando encontraron al Niño de la Fanta. Marchan a toda velocidad dejando atrás ese reino de los Garamantas. Eduardo susurra, El hijoputa ese, mientras a lo lejos el hijoputa invoca a la policía y vuelve a hablar de asesinato y pederastia.

   —Sus muertos, ¿no verdad Rai? —le raspa la garganta a Eduardo.

   Pero Raimundo Arias no responde al enigma sino a otra cuestión. En el fondo este hombre tiene algo de cartesiano:

   —¿De por qué me dices tú a mí primo? ¿Primo de qué?

   La respuesta de Chinarro es la de los hombres sabios:

   —Yo qué sé.

ANTONIO SOLER - "Sur" - (2018)


Imágenes: Giuseppe Randazzo

miércoles, 17 de enero de 2024

A MÍ NO ME VIENE LA REGLA



A mí no me viene la regla, parece que lo de bailar balé y no comer me reventó el organigrama menstrual. Es increíble lo poco que he comío durante mucho tiempo y lo viva que estoy. Aquí dentro he tenío que volver a apreciar la comida porque no hay na mejor que hacer en la hora de la comida cuando toas hacen eso de masticá y saboreá y tragá. Aunque sea puré de patatas con puré de patatas y un poco más de puré de patatas que siempre viene bien un poquito más de puré de patatas. Qué ascazo me daba comer. Cada mordisco me hacía sentir terriblemente mal, cada bocao me perseguía como la luna a la tierra y la tierra al sol. Me pesaba después de mear, después de cagar, cada mañana, tarde y noche, incluso en sueños me he pesao. A veces la báscula no bajaba, pero porque era regulera, le daba un golpecito con el pie y pom, la flecha bajaba, los gramitos descendían, verificaba mi sacrificio y yo contenta. To por la danza. To por algo intangible. To por tener un buen papel en una mierda fin de curso.


  Porque cuando el profe te explica que la celulitis es grasa enquistá y que el queso es graso, tú dejas de comer queso. Cuando elige de protagonista a la más canija, tú quieres ser la más canija. Y cuando señala que una etapa de anorexia no le viene mal a nadie, tú decides ser la anoréxica namber uan. El rugío en la barriga era buena señal. Vamoh vamoh, sélulah míah, come de mih grasah. Yo siempre culo toma culo. Ahí es donde se me acumula to lo que el cuerpo ni suda ni caga. En los brazos también. Mis alitas de pollo alimentan a más de uno. Agarrar la molla de mi brazo es lo más cercano a coger una teta, porque donde van las tetas no hay na. Esto por suerte pa bailar va bien, no hay que ir aplastando cosas. Y la verdá que tengo buenos trapecios, sí, tengo unas buenas clavículas también, salidas, como si me hubiese atragantao con una percha, eso gusta. Y el esternocleidomastoideo se me marca mucho, eso queda de maravilla.

GRETA GARCÍA - "Solo quería bailar" - (2023)


Imágenes: Kylli Sparre