Desapegos y otras ocupaciones.

jueves, 26 de marzo de 2015

PERMÍTEME

PERMÍTEME – (31-07-10).





Permíteme besarte sin permiso.
Déjame que te acaricie sin premisas,
sin premuras.
Súbete al carro de mi sonrisa.
Atenaza mi cántico atónito.
Átono, desátono, desátomo.


Tomo lo que creo conveniente
de tus manos,
de tus senos,
de tu vientre.


Y dejo fluir la corriente.
Dejo que me dejes dejarte.
Dejo que me permitas permitirte.
Dejo que me incites
al propósito armado,
a rastras,
arrastrado,
arrostrado,
sin rostro,
sonrojado.


Sin ánimo de lucro,
sin vergüenza.
Sin derivas amansadas,
disipando los fracasos,
entonando mis sarcasmos.   


Déjame que te ablande,
cándido,
con mis caricias,
socavando los escombros
de los lienzos ya pasados.


Alternando los bocetos
y las fauces,
las bóvedas y los ademanes:
sin tiento.  


Resaca de yunques,
jornada de lumbres.
Estertores insomnes,
escorados y sin quejas,
ataviados de perezas. 


Déjame que te abrace
roturando armaduras fugaces,
saludando devociones,
colisiones
y extensiones. 


Capturando conjuras
y sobresaltos,
pisadas en la seda.
Al amparo de prófugas caricias
y sonoros sedimentos. 


Sed
alimento mío, por siempre.






Dedicado a S.

Imágenes: Arsenii Gerasymenko

PARTICIPIOS

PARTICIPIOS  (07/07/10).




He visto al sol derretirse de dolor y frío.
He leído cientos de veces los mismos libros.
He contaminado todos los pánicos.
He dormido en el filo de afilados cuchillos.
He muerto de todas las muertes posibles.
Conexiones indefinidas me ampararon.

La obsesión me corroe y me lastima
y me oprime
y me comprime
la esponja dolorida,
descolorida
del alma.

Y la aplasta
y la estruja
y supura
su dolor aborrecido,
inolvidable,
aborrecible,
pregnado de muerte
de seres queridos. 


Indecisos saltos en el tiempo
que me llevan hasta ellos
y sus recuerdos,
y sus vidas doloridas
y sus muertes desmerecidas,
con gotas de amor
y flores de risas
y espasmos de alegrías
enterradas para siempre,
convertidas en cenizas. 

Y la Parca me convence
sin súplicas ni advertencias:
“Terminarás con ellos,
como ellos,
por mucho que te resistas...”




Imágenes: Michal Luksiewicz 


SERÁ TU PIEL




SERÁ TU PIEL. - (26-07-10).




Será tu piel,
mi alimento intenso,
único.
Será tu piel
el anclaje de mis penas
y mis anhelos.


Será tu piel,
mi campo de juegos
y de exterminios
y pruebas
y vaticinios.


Será tu piel la que me prende
y me confunde,
obediente,
rezumante
y resumido.


Vigilia de madejas
y de tramas,
raptor de esencias,
oráculo alterado
sin conciencia.
Apenas sin intervalos,
sin treguas,
urdiendo temblores desnudos,
impulsos impacientes.
Saboreando amplios rumbos y pasajes
y cerrando paréntesis de arcilla. 



Será tu piel
osmótica lucidez
habitada de apresuramientos
y deleites y ceremonias.


Será tu piel
esponja arrasada,
apertura definida,
zaguán de mis intentos.


Será tu piel,
zozobra buscada,
aura aletargada,
burbuja en trance,
entrada irreprochable
a otra índole de tiempo.



Será tu piel...


Fotos: Alessandra Favetto.

domingo, 22 de marzo de 2015

EL TIEMPO ENTRA A MATAR

EL TIEMPO ENTRA A MATAR. - (16-02-2012).


El tiempo entra a matar
desde el primer momento.
El tiempo nos entra a matar
desde que abrimos los ojos,
desde el primer aliento.

Ejecuta la suerte suprema
sin miramientos,
sin desplantes,
sin destiempos.

A destajo,
entra a matar,
sin descanso,
con mucho tiento,
al natural,
volcándose en el fierro.

Fierro fiero,
materia incierta
que somos nosotros:
los animales que lo saben todo.

Muerte a tiempo,
muerte a destiempo.
Momento de la verdad,
verdad de ojos ciegos
que no distinguen:
que embisten,
a contrapelo.

Hasta la bola,
en todo lo alto
se nos clava el tiempo.
Aquí no existe el pinchazo en hueso.





Muerte cierta,
pinchazo cierto:
no hay indulto
por muy bien que lo hayamos hecho.

El tiempo está entrando a matar,
suerte suprema,
muerte obligada,
abreviada.

Nos está entrando a matar,
sin avisos,
ni pañuelos,
ni paseos,
ni estocadas,
ni descabellos.

Alguacilillo negro
de arena y de agua,
cortando todos los apéndices
de nuestras almas.







domingo, 20 de abril de 2014

COLECCIÓN.


Tengo una colección de objetos encontrados en libros de segunda mano.
Hace años, cuando la cosa empezó a ir mal y no me podía permitir pagar los precios de los libros nuevos, empecé a frecuentar sitios donde poder adquirir la ingente cantidad que devoro un mes tras otro y sin la cual mi vida sería anodina.

Así, desde billetes de avión, metro, tren o autobús, hasta tarjetas postales, marca páginas, facturas, trozos de papel con números de teléfono anotados. Incluso un sobre de correos cerrado, con su sello postal sin matar, su remitente y su destinatario; pero esa es otra historia...
Mas no es sólo de objetos esta colección.
También recopilo, escaneo, todo lo que encuentro apuntado en dichos libros: dedicatorias, ex libris, más números de teléfonos, nombres..., anotados con los más variados tipos de letras y medios escribidores: lápices, plumas, rotuladores o simples bolígrafos baratos.

Mi regla principal: nunca intentar interferir en las vidas de los posibles dueños de esos nombres y direcciones.
Bueno, una vez -sólo una vez-, me salté la regla y llamé a uno de esos números de nueve cifras, que venía acompañado del nombre y la inicial Olga M., en las páginas de cortesía de una novela de Vargas Llosa.

Hace ya bastante tiempo, anduve enamoriscado de una chica con ese nombre y esa inicial en su apellido; además, el prefijo del número se correspondía con el de la provincia donde se cruzaron nuestras existencias. Pero las batallas de la vida nos separaron antes de poder llegar a algún tipo de relación que mereciese ese calificativo.
Marqué el número con un cierto temblor de avidez y de prisa: para no echarme atrás, para permitirme a mí mismo romper la regla básica de mi humilde acto de coleccionismo.

Después de varios tonos, una voz de mujer, posiblemente mayor, al otro lado contestó con cansancio a mi pregunta:

-¿Olga?
-Sí, vivía aquí. Pero va a hacer un año que murió.

Además de cansancio, había una tristeza antigua en el fondo de su voz.
Colgué.
No quise preguntar más.
Tuve miedo, sentí alivio.
Noche tras noche, se repitieron obtusos sueños con la figura protagonista de Olga M. en dos versiones distintas: la auténtica, viva, alegre y despreocupada como yo la conocí y otra ficticia que se le parecía, pero con perversas variaciones y muerta en diferentes circunstancias, siempre de forma violenta...



(ANOTACIÓN A LÁPIZ ESCRITA EN LAS PÁGINAS FINALES DE UN LIBRO DE SEGUNDA MANO).



domingo, 10 de marzo de 2013

"SUNSET PARK". Paul Auster.

Anagrama, 2010. 278 págs.



Esta es la segunda obra de Auster que comento aquí. Casualidad, más que nada.
Es su última novela (2010), pero hasta ahora no llegó a caer en mis manos: cosas de la recesión, la crisis, la prima esa de tanto riesgo, que nos hace esperar incluso a los amantes de los libros. Esperar hasta encontrarlos más baratos, de segunda mano, prestados, o lo que sea...


Hay un protagonista principal, Mike Heller, un tío de 28 años que desde los 20 rompió todos los lazos que lo unían a su familia, y su vida anterior en su ciudad: la sempiterna Nueva York, por razones que iremos descubriendo a lo largo del libro.


Pero yo calificaría a ésta como una novela de personajes.
De hecho, cada capítulo lleva el nombre de uno de ellos.
Algunos, aparentemente "secundarios", están magistralmente retratados, como Bing Nathan, el único amigo con el que Mike Heller mantiene una correspondencia  durante su voluntario exilio:


"Es el guerrillero del agravio, el campeón del descontento, el detractor militante de la vida contemporánea que sueña con forjar una nueva realidad con las ruinas de un mundo fallido. A diferencia de la mayoría de los inconformistas de su clase, no cree en la acción política. No pertenece a movimiento ni a partido alguno, nunca ha hablado en público, no tiene deseos de sacar a la calle hordas políticas para quemar edificios y derribar gobiernos. Su postura es puramente personal, pero si vive de acuerdo con los principios que ha establecido para sí mismo, está convencido de que otros seguirán su ejemplo.
Cuando habla del mundo, entonces, se está refiriendo a su mundo, a la reducida y limitada esfera de su propia vida, y no al mundo en general, que es demasiado amplio e imperfecto para que tenga influencia alguna en el suyo. Se concentra por tanto en lo habitual, lo particular, en los detalles casi imperceptibles de los asuntos cotidianos. Las decisiones que toma son necesariamente menores, aunque eso no quiere decir que carezcan de importancia, y día tras día procura cumplir con la norma fundamental de su descontento: oponerse a las cosas tal como son, resistir en todos los frentes a la situación establecida.
(...) Sus actos de rebelión son baladíes, quizás, gestos irascibles que consiguen poco o nada incluso a corto plazo, pero contribuyen a realzar su dignidad como ser humano, a ennoblecerlo a sus propios ojos."




Hay que tener en cuenta que esta novela está situada en el epicentro de la recesión económica y que los personajes que la habitan, algunos de ellos muy relacionados con el mundo editorial, se ven fuertemente marcados por la misma. Así comienza el libro, refiriéndose al personaje de Mike Heller:


"Durante casi un año ya, viene tomando fotografías de cosas abandonadas. Hay como mínimo dos servicios al día, a veces hasta seis o siete, y siempre que entra con sus huestes en otro domicilio, se enfrenta con las cosas, los innumerables objetos desechados por las familias que se han marchado. Los ausentes han huido a toda prisa, avergonzados, confusos, y seguro que dondequiera que habiten ahora (si es que han encontrado un lugar para vivir y no han acampado en la calle) sus nuevas viviendas son más pequeñas que los hogares que han perdido. Cada casa es una historia de fracaso -de insolvencia e impago, deudas y ejecución de hipoteca- y él se ha propuesto documentar los últimos y persistentes rastros de esas vidas desperdigadas con objeto de demostrar que las familias desaparecidas estuvieron allí una vez, que los fantasmas de gente que nunca verá ni conocerá siguen presentes en los desechos esparcidos por sus casas vacías."




Otro fragmento sobre Mike Heller, con el que ya le cogemos cariño, seguro: 


"Paga poco de alquiler, porque vive en un apartamento pequeño, en un barrio humilde, y aparte de gastar dinero en necesidades básicas, el único lujo que se permite es comprar libros, volúmenes de bolsillo, narrativa en su mayor parte (...), pero en el fondo los libros no son lujos sino necesidades, y la lectura es una adicción de la que no desea curarse."


Se lee con muchas ganas porque va abriendo (o entreabriendo) múltiples posibilidades acerca de las futuras relaciones afectivas entre todos los personajes principales.


En las 2 ó 3 últimas páginas se desencadena un final tremendo y que nos deja con ganas de más: es una novela que podría haber continuado. Como continúa la propia vida.


Una novela pura, sin más experimentos que los que supone enfrentarse a la realidad y contarla.



"LA FALTA". Paula Izquierdo.


Alianza Editorial, 2005. 207 págs.


Parece que los protagonistas de las novelas que comento aquí últimamente estén siempre deseando escapar, huir de algo o, al menos, intentarlo. Espero que esto no parezca un reflejo de mis vivencias personales...



Ese es el caso de Pablo, el personaje principal de esta excelente novela: un psiquiatra de éxito, con una vida ordenada que, de repente inicia su particular catarsis, escapando simbólica y físicamente desde el centro hasta una zona periférica-marítimo-desértica fácilmente identificable.

"Quizá si no hubiera vivido como he vivido, no estaría aquí. Tal vez mi vida hasta ahora haya sido una especie de preámbulo, de prólogo, un ensayo general para esta actuación final. O quizá la vida esté hecha de prólogos sucesivos, fragmentarios para la única actuación decisiva: la muerte."

"Poco tiempo después de separarme, recuerdo que mi amigo Rafael también se separó de su mujer, con la que llevaba casado más de veinte años. Recuerdo que hablamos de cómo se encontraba y que me dijo que de lo único por lo que sentía nostalgia era de su lugar en el sofá frente al televisor. Él no lo reconoció en su día, pero creo que esa forma tan frívola de expresar cómo estaba implicaba algo mucho más profundo."


El otro personaje, destacadísimo, es Sara: la hermana escritora de Pablo a la que éste (diez años mayor que ella), sólo empezará a conocer de una forma "indirecta" pero tremendamente impactante para él.

Como suelo hacer, transcribiré algunos fragmentos de los que más me han llamado la atención. Especialmente, las palabras de Sara referidas al acto de la Escritura:

"La escritura es la porción de masoquismo que todo ser humano necesita."

"A veces tengo la sensación de que los escritores estamos poseídos por una suerte de maleficio. Es como si con cada novela quisiéramos descubrir una parte distinta de nosotros mismos, cuando en realidad es siempre la misma. Este pensamiento me bloquea. Me deja atónita. Pierdo el sentido del ritmo. La música que quiero otorgar a mis frases, y que nadie escuchará, no suena en mi cabeza."

"Intento apresar las palabras, pero se me escurren de las sienes. Sigo siendo una principiante. Pienso que esta vez me voy a estrellar, no es la primera vez que me pasa. Cada vez que empiezo a escribir una historia creo que no voy a poder y, sin embargo, no abandono, o no del todo, me someto, me dejo maltratar y pasado el tiempo, como si de un hecho prodigioso se tratara, llega un día en que la historia está acabada y yo vacía."


Ya leí hace bastante tiempo otra novela de Paula Izquierdo, "El hueco de tu cuerpo", que me gustó muchísimo. Hasta ahora no llegó a mis manos esta otra obra que cumple con las expectativas que tenía y que en ningún sentido me ha decepcionado.

Paula Izquierdo escribe con una prosa muy trabajada, a veces poética, a veces dura, acerada (de acero, de acera...): tal y como son algunos de sus personajes.

"Hay gente que cree que escribe para el bien de la humanidad, de la historia del arte o de la literatura. Yo, en mi caso, hacía tiempo que había descubierto por qué escribía; porque estaba esclavizada, sí, esclavizada por las palabras. Bien, pero entonces, ¿qué necesidad tenía de publicar? Simplemente, rellenando páginas y páginas de letras debería encontrar algo de sosiego. Sin embargo, esto no era suficiente, no me aliviaba. De este modo (...), llegué a la conclusión de que lo que necesitaba no era sólo soltar lastre, sino que iba un poco más allá; no sólo estaba acuciada por el deseo de desprenderme de las palabras, sino también necesitaba dárselas a los demás; que fueran ellos, los lectores, los que las soportaran."

"De hecho, cada vez que me he acostado con un hombre lo único que he sido capaz de pronunciar es el nombre de Dios. Daría cualquier cosa por describir ese a-pensamiento que me recorre desde la médula hasta la punta de los dedos en el tiempo arrancado del éxtasis."

"Reconozco que esta libertad que tanto he deseado en mis cuarenta y un años de vida es un propósito necio que no esconde sino una gran necesidad. Porque cuando me miro por dentro me doy asco, me contemplo las entrañas con estupor, y me pregunto si de eso estoy hecha, de espantosas, lúbricas, viscosas serpientes que se solazan en mis entrañas. Qué repugnancia."




Estas son algunas de las 
acepciones que nos ofrece el diccionario de la RAE. Cualquiera de ellas o todas a la vez, pueden ser válidas, apropiadas para justificar el título de esta novela:
- Defecto o privación de algo necesario o útil.
- Quebrantamiento de una obligación.
- Ausencia de una persona del sitio en que debía estar.

Paula Izquierdo.


Las imágenes de arriba son de Joyce Tenneson.