Desapegos y otras ocupaciones.

sábado, 20 de febrero de 2010

ROMPERÉ LOS PUENTES.

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Romperé los puentes.
Cortaré los cables.
¿Cuántas vidas he de vivir todavía?
¿Cuántas vidas hay en esta vida?
Instantes, momentos,
unidos por cables.
Puentes entre segundos.
Puentes entre dos mundos.
Puentes que se abren
sobre el abismo.
Sobre los abismos
que socava la propia vida.
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Vida que se rompe.
Vidas que se rompen.
Estruendos, llantos,
risas, encantos;
dormir, despertar, vivir...
Todo sobre una sima.
Y multitud de puentes
que se abren,
que se extienden.
Opciones diferentes.
¿Cuál abres?
¿Cuál cierras?
Múltiples vidas;
todas, dentro de ésta.
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¿CÓMO SEREMOS?

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Cuando éramos jóvenes y jugábamos con el placer y nos suicidábamos con él, nos preguntábamos entre risas:
"¿Cómo seremos dentro de 10, 20, 30 años?"
"Seguro que yo no llego...", respondía alguno.
Y muchos no llegaron: se anclaron en sus coqueteos con la muerte, que olía a gasolina, alcohol, cristales y agujas.
Y los que hemos llegado hemos roto los puentes entre nosotros y hemos roto -en algunos casos, en mi caso- los puentes con el pasado loco arriesgado, lleno de aristas cortantes y humo espeso.
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Pero esa rotura, esa desmembración con el pasado aún sigue salpicándonos -salpicándome-, en los sueños aún restallan los cables. Y la pregunta "¿Cómo seremos dentro de X años?" va hallando sus respuestas y se parecen sorprendentemente a las descerebradas previsiones juveniles.
El pasado salpica (curiosa palabra...) y salpica, contradictoriamente, cada vez más. Se rompieron los puentes, pero aún siguen cayendo escombros, cascotes, sobre las sucias aguas que separaban -horadando, erosionando- dos islotes de vida.
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Fotografías: Dave Nitsche.

QUISE SER Y SOY.

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Quise ser psicólogo

y ahora estoy loco.

Quise ser periodista

y ahora ni siquiera soy noticia.
Quise ser famoso
y nadie me conoce.
Quise ser rico
y ahora soy pobre.
Quise ser el héroe
y sólo fui el villano.
Quise ser el médico
y soy el triste enfermo.
Quise ser la magia
y sólo soy desgracias.
Quise alcanzar la gloria
y me hundí en este infierno.
Quise morir de viejo
y me muero de aburrimiento.
Quise viajar por todo el mundo;
y poco a poco, me hundo en el lodo,
en la desesperación
del que lo ha perdido todo.
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Quise ver la vida
desde todos los prismas.
Y no llegué a vivirla:
me quedé en los arrabales
de tugurios y de drogas,
de demonios en mi alcoba,
de desechos
y deshechos.
Del que quiere nadar
y se ahoga
en su propia nada,
en su nada/toda.
Quise ser el Dios
y me convertí en el demonio
de la mediocridad.
Quise que corriera el calendario
y ahora no quiero.
Quise ser el más vivo
y ahora estoy muerto.
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-Fotos: Konstantin Fomkin.

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Y A MUCHA HONRA.

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Quisitéis ser toreros

(Ordóñez, Benítez, Romeros...)

Quisistéis ser artistas,
duros generales,
famosos deportistas.
Quisistéis ser reyes o princesas,
fieros piratas o duquesas...
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No, no, no. Esto no da para un poema. Ni siquiera para un "falso poema" como yo los llamo. A ver en prosa:
Quisistéis ser los doctores y abogados buenos de las series de televisión.
El pequeño saltamontes o la niña rubia de la tómbola.
Los músicos y cantantes de moda.
Las chicas-ángeles de Charlie y los hombres de SWAT.
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Mis hijos, hace un par de años o así, querían ser los forenses-policías de series como CSI o Bones u otras similares: se veía todo tan científico, tan mágico, tan matemático...
Ahora, no sé por qué oscuras razones, desean llegar a ser meteorólogos.
Está estudiado (eso creo): la tele pone de moda "lo que queremos ser". Luego te estrellas con la realidad: no todos podemos ser futbolistas de 1ª división, equipo grande y coche tremendo.
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¿Y qué quería ser la gente antes? Antes de la tele y todo esto, quiero decir.
Se aspiraba a continuar con el trabajo de los padres, si es que no era demasiado malo. Y, las chicas, a llegar a vivir con un hombre de los mejor situados, y su casita, y sus (muchos) hijos, y sus faenas de casa, y sus primores, y sus...
Ahora quieren, con todo el derecho del mundo, ser independientes, autosuficientes.
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Después, la mayoría, nos vamos adocenando, adaptando, mediocrizando, metiéndonos "en verea": conformarnos con un curro digno (y eso con suerte) y un mes de vacaciones para escaparnos de los otros 11 meses de pesadez, atascos, rutina y tardes-noches sentados ante la tele (para seguir soñando con lo que quisimos y no pudimos...)
Yo, además de alguna de las ocupaciones mencionadas, quise ser Cortázar (o Sánchez Ferlosio, o Manuel Rivas...), y ya ven dónde me he quedado.
Y a mucha honra.
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Las fotos son de mi sobrino, Manu León,
que cuando chico quería disparar con pistolitas de juguete
y ahora dispara con cámaras fotográficas.

CRECER Y DOLER.

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- Mi hija dice que no quiere crecer. Que no quiere hacerse mayor, porque así llegará a ser abuelita y tendrá que morirse (demasiadas muertes en la familia en los 3 últimos años...)

Mi hija tiene 5 años y 2 meses exactos.
Mi otra hija, que tiene 17 años y que está sufriendo y disfrutando de la vida casi a partes iguales, dice que escuchó en una peli una frase que se le quedó grabada: "Se deja de ser niño cuando eres consciente de que algún día te tienes que morir".
Mientras, mi hijo de 14 años, crece y rapea. Crece (no todo lo que él quisiera) y juega a baloncesto. Crece y se pelea con la Física y con la Química. Crece y yo trato de enseñarle a llevar a cabo algunas faenas ("Sí, ya lo sé: por si tú algún día no puedes...)
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Y los que ya no crecemos (al menos, exteriormente), les vamos enseñando a volar, a salir del nido, a valerse: para cuando ya no podamos, para cuando ya no estemos.
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Mejor que yo, lo dijo (lo dejó escrito) Cayetano Arroyo en sus "Diálogos con Abul Beka":
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"Mirad que los niños son la esperanza que asciende buscando la Sabiduría. En ellos se pueden remediar errores y renovar la esperanza de un mundo mejor.
Llevad con mimo su educación y velad sus sueños para que no sean pesadillas".
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"Mirad los pajarillos que cuando salen de una nidada, cada uno vuela en una dirección y a su aire y cada uno habla con la vida de una forma.
Pensad, pues, que del nido de la familia, cada uno trae un camino y una meta. No hagáis daño imponiendo vuestro camino y vuestra meta a todos vuestros hijos, antes bien ayudadlos para que el fin que traen lo puedan realizar con holgura, y compongan con su trabajo un canto de Armonía. Sabed que el deseo ahoga y el cariño puede matar; mas el Amor siempre libera."

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Fotos: iNeedChemicalX.
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domingo, 14 de febrero de 2010

LLEVAMOS NOMBRES DE MUERTOS.

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Llevamos nombres de muertos:
lazos que nos unen al pasado,
atados
de un modo incierto.
Marionetas de nuestros antepasados
que tiran de los hilos
como dioses tuertos.
Nos mueven a su antojo
y paseamos sus nombres
-malditos despojos-
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y los traspasamos,
los donamos,
los imponemos
a nuestros hijos,
que los aceptan con gozo,
que buscan la historia de sus apellidos
en los árboles genealógicos.-


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Llevamos nombres de muertos;
los heredamos,
los arrastramos,
los malgastamos.
¿Por qué no los cambiamos?
Y cortamos los nudos,
los lazos,
que nos atan al pasado.
Y rompemos sus maldiciones,
traiciones,
tradiciones,
generaciones,
degeneraciones,
distorsiones,
encadenaciones...
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Fotos: Kassandra.

LA BANDA SONORA DE MI VIDA.

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La banda sonora de mi vida, posiblemente, comenzó con los latidos del corazón de mi madre percutiendo, inmensos, sobre mí. Pero de eso no me acuerdo...

Después vendrían cariños, arrullos, regañinas, nanas -de ésas sí me acuerdo- y canciones y músicas de anuncios en la radio presidenta del salón-comedor-despacho de dulces de mi casa.
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El negrito del Cola-Cao, José Guardiola -"blanca y radiante va la novia"-, Matilde, Perico y Periquín, Manolo Escobar -"¡ay Jesús, que estoy empapao, y no puedo con la tiritera...!- y carcajadas y juegos y llantinas caprichosas y bromas sin televisor.
Y después, cantinelas en el parvulario, "A mi burro, a mi burro, le duele la cabeza...", "Un dos, papas y arroz...", "Ya se murió el burro que acarreaba el vinagre, ya se lo llevó Dios de esta vida miserable..."
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Y el Rosario, más tarde, los sábados por la mañana ya en el colegio. Y "Prietas las filas" y el sonsonete cansino, repetitivo de las tablas de multiplicar y "España limita al norte...", y los ríos y las cordilleras y el Catecismo.
Y después, durante el instituto, vas y descubres la radio como compañera de estudios. Y descubres a Carlos Tena (cuando aún era Carlos Tena) y "Para vosotros, jóvenes"; y allí, Triana; y alli, Jimi Hendrix; y allí, los Beatles.
Y luego te vas a la capital a estudiar y un tremendo programa titulado "Posibles mitos de una contracultura", al que agradeces que te presente a Elvis Costello; y a Emerson, Lake & Palmer y a Yes y a Zappa y a Genesis, con Peter Gabriel aún y que te inocule el deseo voraz de hacer radio.
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El trabajo, y el coche necesario, con su radio-cassette y M-80 Radio y el funky. Y ya empiezas tú a hacer radio: "Todos los caminos del Rock" vais y bautizáis a vuestro programa, donde aúllan los Clash o los Ramones o retumba el bajo poderoso de Return to Forever o la voz espástica de Ian Dury o los síncopes de Talking Heads.
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Y luego, más programas. Y enlazas las músicas con las lecturas, invitas a gente que recita sus textos, sus poemas (escritos por ellos o por otros). Y así sigue la banda sonora de tu vida, agregando voces, ritmos, gritos, risas, jadeos, ladridos, trinos, cantos, golpes, truenos, llantos, quejíos y mordazas.
Y no cesará hasta que el fuego crepite y devuelva tu carne al lugar al que siempre perteneció. Y entonces, suenen músicas para las que aún no estamos preparados.

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