Desapegos y otras ocupaciones.

martes, 9 de mayo de 2023

LOS NIÑOS SÍ SE DETIENEN


DIARIO DEL ATLETA

   (Imaginación no rota por la rutina y la repetición, por la estadística) (por la ley de probabilidades) (es decir por los recuerdos, la memoria + lo imaginado).

   Cómo sería ir por la calle sin hacer otra cosa que ir por la calle. Ignorar, avanzar, sin pararse ante nada, no dejar que nada nos afecte (nos desvíe), ver cómo pasa todo sin detenernos como si fuésemos un tren marchando por su vía, todo lo que hay fuera son insectos chocando contra nuestra coraza, andar impulsado por una corriente una energía ajena o por lo menos mucho más fuerte que nuestra curiosidad (la curiosidad es un insecto más, dejarlo atrás). Avanzar sin hacer otra cosa que eso. Cumpliendo miserablemente los horarios.

   Así van muchos. Muchos que conozco. O lo parece. (Como cuando corro en la pista, no hay nada más que la carrera, la zancada, el ritmo y la respiración, dosificar para poder correr más. Todo acaba y todo empieza en ti).

   Los niños sí se detienen. No hacen otra cosa que detenerse. Observan agujeros, le dan la vuelta a un insecto que encuentran en el suelo, le arrancan un ala, luego la otra, luego quieren que vuele. Miran su cara deformada en los tapacubos de los coches, en el guardabarros niquelado de una moto, se miran en las vitrinas sin acabar de reconocerse. Se resultan sospechosos a ellos mismos. Hacen muecas y se observan, como si ellos también fueran insectos, tratan de ver en los reflejos de los escaparates quiénes son, cómo son. Lo que les espera, o lo que no recuerdan.

   Pueden ser cualquier cosa, todo está abierto. Casi abierto. Casi todo. Y sospechan, algunos sospechan. Los que no están demasiado aturdidos (los que no están seguros, esos).

   Hacen bien en sospechar. Yo todavía no estoy seguro. Es mi pureza. Esa es la única pureza que tengo.

ANTONIO SOLER - "Sur" - (2018)


Imágenes: Andrea de Luigi

sábado, 6 de mayo de 2023

SOÑAMOS EN METÁFORAS

 


 —¿Qué estudian realmente? ¿Qué aspectos del sueño? —preguntó.

   —Conciencia y ciclos REM, como dijo Gabe. Hacemos grabaciones fisiológicas…

   —Recuerdo lo que Gabe dijo. —Tomó el encaje de mi cobertor por un momento, luego lo soltó—. Solo pareció un poco simplista. Primero que nada, hay una palabra para lo que están estudiando, es lucidez o sueños lúcidos, cuando una persona está consciente de lo que está soñando. ¿Tengo razón?

   —Así es.

   —Y es por eso que me cuesta trabajo creer que es todo lo que están midiendo —dijo Thomas—. Ya se ha hecho. He aprendido sobre sueños y lucidez en un par de clases de introducción a la física, mucho antes de que ustedes se metieran en este tipo de investigación, supongo. Incluso algunos de los románticos sabían sobre eso: Thomas de Quincey, Coleridge, Keats.

   —Tienes razón, no somos los primeros en estudiar los sueños lúcidos, pero estamos haciendo algo diferente.

   Hice una pausa y Thomas me miró expectante. No estoy segura de cuándo tomé la decisión de contarle más de lo que le había contado a nadie, pero sé que fue antes de ese momento. Quizá cuando lo seguí al segundo piso, dejando a Gabe y Janna en la cocina, o quizá fue aun antes, la primera vez que los vi, cuando volvían a casa en la tormenta.



   —Los registros de sueños lúcidos han circulado desde el siglo V. San Agustín fue el primero en escribir sobre ellos y los budistas tibetanos registraron sus experiencias en un texto funerario. En ese tiempo era usado para alcanzar un plano espiritual superior, incluso para liberar estrés y resolver problemas. Se tomaba como un escape, pero nosotros pensamos en ello como un regreso —dije.

   —¿Adónde?

   —A uno mismo. Soñamos en metáforas. Si tienes problemas automovilísticos, te sientes impotente. ¿Reprobar un examen? Eres inseguro y estás poco preparado. ¿Atrapado? Bueno, ese es obvio. El cerebro es como un excelente escritor de ficción: cada parte de un sueño está cargado con un significado que puede ser desbloqueado, analizado y comprendido. Escondemos nuestras más grandes esperanzas ahí, nuestros más profundos miedos. Y cuando aprendemos a leer nuestros sueños, por así decirlo, no en retrospectiva cuando despertamos, sino ahí mismo, en el momento, estamos leyendo la historia de quiénes somos realmente. —Respondí.

   —¿Eso no es simplemente Freud? —preguntó Thom.

   —En parte. —Me senté junto a él, con mis palmas sobre mis muslos—. Las ideas de Freud consituyen la base de la interpretación de los sueños, así que sería imposible para nosotros evitar su influencia, aunque tampoco lo intentamos. Freud fue el primero en sugerir que los sueños nos dan acceso a la mente inconsciente. Él lo llamaba el camino real, la carretera del rey. Los sueños son casi enteramente visuales, pero él nos dio un lenguaje con el que hablar sobre ellos y aún se mantiene. El análisis es esencialmente un acto de traducción.

CHLOE BENJAMIN - "Anatomía de los sueños" - (2014)


Imágenes: Graciela Iturbide

miércoles, 3 de mayo de 2023

ESAS COSAS QUE SE DICEN CUANDO MUERE ALGUIEN


Cuando murió mi suegra, mi mujer dejó de tocar el violonchelo. No me sorprendió y casi me conmovía esa forma de luto que significaba no acercarse a un instrumento que siempre había tocado en compañía de su madre. Era una manera hermosa de reconocer su falta, de honrar el hueco que dejaba, pensé. Me pareció una muestra de delicadeza por mi parte no decirle que debía volver a tocar, que la vida sigue y esas idioteces que se dicen cada vez que muere alguien. Además, todos tenemos un ritmo distinto para el duelo. Mi hijo, por ejemplo, cuando murió su abuela, durante el entierro, no dejó de jugar con su pistola de agua, disparando a sus amigos y a las cruces del cementerio; y antes de cerrar el ataúd incluso se atrevió a disparar al rostro de su abuela muerta, como si estuviesen jugando a que él la mataba con los disparos y yo pensé que el niño no entendía lo que era la muerte y que probablemente esperaba que la abuela dejase de fingir de un momento a otro y saliese de su escondite. Pero mi mujer era otra cosa, ella se volvió gris de un día para otro, en serio, perdió color, el esmalte de sus dientes se volvió opaco, el pelo se le quedó lacio. Pobre, decía yo, pobre. Y me apenó tanto el día que la vi llevando el violonchelo al desván; entonces sí dije esas cosas que se dicen cuando muere alguien, pero para entonces ya había pasado más de un mes y me pareció apropiado, espera, cariño, no lo guardes, a lo mejor un día vuelves a tocar, todo se pasa, en serio, todo, ahora te parece insoportable pero empezarás a olvidarte poco a poco, habrá incluso días en los que no pienses en ella. Y cuando menos lo esperes, sacarás el instrumento del estuche, comenzarás a tocar, a disfrutarlo como antes.

   Ella escuchó mis palabras con un pie en el primer peldaño de la escalera. Confieso que me había emocionado a mí mismo con mi breve discurso sobre el dolor y el olvido, y que las lágrimas volvían borroso el rostro de mi mujer. Deja, deja el violonchelo en el salón, hasta que un día él te llame para que lo abraces.

   Me limpié las lágrimas. Vi los ojos secos de mi mujer. Odio el violonchelo, dijo, lo he odiado desde niña. Y ya no hay nadie que me obligue a tocarlo.

   Subió la escalera con el violonchelo en brazos y lo dejó en el desván. Ahí sigue. Ni siquiera se lo llevó el día que se marchó de casa.

JOSÉ OVEJERO - "Mundo extraño" - (2018)


Imágenes: Xiao Wang

domingo, 30 de abril de 2023

¿POR QUÉ ESTUDIÉ PERIODISMO?


Supongo que, si tus padres son psicólogos, escribir se convierte en la única opción. Te han educado para que lo verbalices todo, para que te expreses como puedas. Así que te pones a ello, porque no sabes entender las cosas sin desengranarlas antes. Y una vez analizadas, puedes transformarlas en abstracción.

   Por eso resulta paradójico que, habiendo estudiado comunicación, tenga tantos problemas para comunicarme con mi padre, que estudió psicología para entender a todo el mundo.

   ¿Por qué estudié periodismo? Todo el mundo sabe que es una mierda de carrera sin salidas, que serviría a lo sumo como posgrado después de unos estudios de verdad. La nota de corte, en 1995, era de 6,7. Yo saqué un 6,96. Ni siquiera fui notable.

   La mayoría de estudiantes de periodismo dirán que eligieron la carrera porque les gusta escribir. Habrá algún friki de la radio, y otros que querrán hacerse famosos en la tele, pero estos también dirán que les gusta escribir. Decir que te gusta escribir es como decir que eres sensible, reflexivo y tienes ambición artística. Equivale a decir que tienes algo que decir. El periodismo, a mediados de los noventa, aún se consideraba un trabajo. Lo llamaban el Cuarto Poder. Pero ninguno de los encuestados, ante la pregunta «¿por qué elegiste periodismo?», habría contestado «para tener poder». O no, al menos, en mi universidad.

   A mí me gustaba escribir, pero el motivo por el que elegí periodismo fue otro. El mismo por el que mi segunda opción fue biblioteconomía y la tercera, antropología: aquellas carreras no se impartían en Mallorca. Y yo necesitaba largarme de la isla.

   ¿Por qué Barcelona? La respuesta también parte de una negación. Simplemente, porque Barcelona no era Palma.

  


   (...) El psicólogo analiza almas humanas y el periodista le busca el alma al mundo. Suele ser un alma en pena que arrastra los pies, agarrada a la sombra de la historia o la desmemoria. La vida en sí nos parece poca cosa, si no es para desentrañar vidas ajenas, enseñar los engranajes que harán un poco más comprensible el mecanismo de casi todo. Por eso nos cuesta entender a los desinteresados, a los apáticos, a los que no tienen sed ni olfato, los que se conforman con el reducido espacio de conocimiento que les ofrece la comodidad de un sofá frente a la tele, en la que los informativos ya no saben qué hacer para acaparar su atención.

   Hasta que una noticia lo cambia todo.

   Nos gustaría desengancharnos de la actualidad, aprender a disfrutar de lo que disfrutan los demás sin cuestionárselo. Pero estamos fatalmente enamorados de una profesión que nunca nos satisfará, que exigirá más y más, hará que nos sintamos pequeños, como Marcel me hacía sentir a mí. Siempre quedarán secretos por sacar a la luz; a veces, en nuestra propia familia.

   ¿Qué hacer entonces?

LLUCIA RAMIS - "Las posesiones" - (2018)


Imágenes: Gideon Mendel

 

jueves, 27 de abril de 2023

LA MISA ERA LA CITA INFALTABLE


La misa era la cita infaltable, eso sí que permanecía siempre intacto. Mirta López, mi abuela, se las arreglaba cada vez para ubicarse, entre los fieles, no muy lejos de la familia Videla. Y con preferencia detrás de esa línea que ellos, tan perfectamente juntos, trazaban al sentarse. Se las arreglaba mi abuela, como digo, como dice, para sentarse no muy lejos de ellos, y a menudo, más que eso, conseguía estar muy cerca, ni más ni menos que en la fila de atrás. ¿Le parecía a ella o en el hijo mayor, que ya iba para los diecisiete, que ya hacía vida castrense, iban en aumento la pulcritud, la sobriedad, la distinción, los trazos rectos? ¿Se lo inventaba ella, por sugestión, o el pelo y los gestos, la nuca y la postura, mejoraban su estampa límpida? Las camisas, mejor que las chombas, acentuaban, con sus cuellos tiesos, el efecto general.

   El domingo que mi abuela llegó a misa (la puerta de la iglesia, la vereda generosa, la plaza enfrente) y no vio a la familia Videla se sintió morir. ¿Podía ser? Entró temblando y quiso llorar. Se sentó y se dijo a sí misma que ese día iba a rezar de veras. A rezar y a pedir a Dios que nada malo hubiese ocurrido, que la costumbre de estos encuentros no se viese jamás dañada. No hizo falta, no llegó a rezar. O su íntima imploración de desesperada equivalió, para Dios, a un rezo, y la plegaria de Mirta López fue atendida. Porque la familia Videla, demorada por algún asunto que ya no importaba, hizo su ingreso, por fin, a la catedral. Ella los vio de refilón, de reojo. De nuevo quiso llorar, pero ahora de dicha. Habían venido, sí. Como siempre. Ahí estaban, como siempre.

 


   Y como si sus ruegos desordenados hubiesen merecido el verse satisfechos con creces, resultó que la familia Videla no solamente acudió, llegó, ingresó; sino que se sentaron los cinco, en una progresión ceremoniosa y pensada, justo en la misma fila en la que se había sentado mi abuela. Y lo hicieron con tal disposición (los dos hombres de más edad: el padre y el hijo mayor, en los extremos, como protegiendo al hijo menor y a las dos mujeres) que resultó que el hijo mayor tomó lugar justo al lado de mi abuela.

   La misa empezó con un sermón sobre la patria y sus valores: se acercaba el mes de julio, y en ese mes el día 9, aniversario de la declaración de independencia. Siguió una exposición bien medida sobre los peligros de la descomposición de esos valores, de esos y de todos, con una precisa enumeración de factores disolventes: desde la promiscuidad sexual hasta el flagelo del alcoholismo. Después hubo que pararse, que sentarse, que pararse. Que repetir rezos en eco, que rumiar plegarias íntimas, que cantar en el pudor del coro. Que alzar los ojos al cielo y que cerrarlos para una mejor compenetración. Que pedir y que agradecer. Que arrepentirse del mal inferido y que perdonar el mal recibido. Que dar gracias a Dios en su insondable triplicidad: Padre, Hijo, Espíritu Santo.

MARTÍN KOHAN - "Confesión" - (2020)


Imágenes: Katie Rose Johnston

lunes, 24 de abril de 2023

LOS SUEÑOS DE SELMA SÍ TENÍAN CONSECUENCIAS


Aparte de la cuñada de Selma, Elsbeth, la mayoría de los vecinos del pueblo no eran supersticiosos. No les preocupaban lo más mínimo todas aquellas cosas que los supersticiosos suelen evitar: se sentaban tranquilamente bajo un reloj de pared pese a que la superstición lo relacionaba con un peligro de muerte inminente. O dormían con la cabecera de la cama orientada hacia la puerta, desoyendo la creencia popular que lo consideraba un paso previo a salir por la misma puerta con los pies por delante. Tendían la colada entre Navidad y Año Nuevo desoyendo los consejos de Elsbeth, que veía en ello un presagio de suicidio o de complicidad en un asesinato. No se asustaban cuando oían ulular a los mochuelos por la noche, cuando veían sudar mucho a un caballo en el establo o cuando por la noche un perro aullaba agachando la cabeza.

   Sin embargo, los sueños de Selma sí tenían consecuencias. Cuando se le aparecía un okapi en sueños, la muerte hacía acto de presencia, de manera que todo el pueblo empezó a actuar asumiendo su aparición como si se tratara de un hecho insólito, como si la muerte no estuviera siempre presente, desde el primer momento, siempre acechando a una cierta distancia, como esas madrinas que a partir del bautizo aparecen de vez en cuando para entregar un obsequio a sus ahijados.

MARIANA LEKY - "El día que Selma soño con un okapi" - (2017)


Imágenes: Nimo Jiang


viernes, 21 de abril de 2023

TODO APAGADO, APAGADO, APAGADO


—Vale. Pregunta importante. ¿Funciona el ascensor?

—He ido por las escaleras.

—Muy bien. ¿Y alguien tenía alguna idea de lo que está pasando?

—Algo técnico. Nadie ha culpado a los chinos. Un fallo de sistemas. También una mancha solar. Esto me lo ha dicho alguien en serio. Un tipo que fumaba en pipa. Y no, no le he dicho que en este edificio está prohibido fumar.

—Porque tú también fumas. Un puro de vez en cuando —le dijo Diane a Martin.

—Una mancha solar. Un fuerte campo magnético. Me lo he quedado mirando.

—Le has clavado tu mirada de pena de muerte.

—Me ha dicho que los expertos harán ajustes.

  Max se quedó en la ventana, repitiendo ese último comentario en voz baja.

  Diane esperó a que Martin hablara. Sabía lo que quería que dijera. Pero no lo dijo. De manera que probó a formular una versión desenfadada en forma de pregunta:

—¿Esto no será la aceptación que señala la caída de la civilización mundial?

  Se obligó a sí misma a soltar una risilla breve y esperó a que alguien dijera algo.



 (...) ¿Estará pasando lo mismo en otras ciudades, la misma gente descontrolada, sin tener adónde ir? ¿Estarán bajando las multitudes de las ciudades canadienses para unirse a las multitudes de ahí? ¿Será Europa una única multitud imposible? ¿Qué hora es en Europa? ¿Estarán todas las plazas públicas atestadas de gente, decenas de millares de personas, y también en Asia y en África y en todas partes?

  No paran de venirle nombres de países a la cabeza, y no para de venir gente a hablar con él, o bien hablan entre sí, y se acuerda de su hija, la que tiene dos hijos y un marido en Boston, y de la otra que está de viaje, y, durante un momento extraño, comprimido y claustrofóbico, se olvida de sus nombres.

  Se apoya en una pared y mira.

  En otros momentos, más o menos ordinarios, siempre hay gente mirando sus teléfonos, mañana, mediodía o noche, en mitad de la acera, sin ver a todo el mundo que pasa a su lado, gente absorta, mesmerizada, consumida por el dispositivo, o bien caminando hacia Max y después apartándose de golpe, pero ahora no pueden hacerlo, todos los adictos digitales, teléfonos apagados, todo apagado, apagado, apagado.

  Se dice que es hora de volver a casa y que va a tener que abrirse paso a empujones entre la gente, gente encogida de frío, mil caras por minuto, gente forcejeando, dando puñetazos, algún pequeño disturbio de vez en cuando, palabrotas elevándose al aire. Se queda así unos segundos más, echando los hombros hacia delante a modo de preparación, y decide que cuando llegue a su edificio va a contar los escalones que hay hasta su apartamento. Hubo un tiempo en que lo hacía, aunque ya hace muchas décadas, y empieza a preguntarse qué sentido tiene.

  Luego se adentra en la multitud en movimiento. 

DON DELILLO - "El silencio" - (2020)


Imágenes: Frode Bolhuis