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viernes, 18 de septiembre de 2026

LA IGLESIA NECESITA AL DIABLO





—¿Cómo creer en algo que no existe? —preguntó teatralmente al aire—. Por mucho que el papa Pablo IV afirmase en su día que el Diablo existe no solamente como símbolo del Mal, sino como realidad física, y que durante los procesos de la Inquisición no había bruja que no asegurase que había tenido en sus brazos un niño imposible de calzar debido a sus pezuñas de cabra, su existencia aún no ha podido ser demostrada, Alberto.

   Durante unos segundos, contempló con ternura la máscara que tenía entre las manos; luego la arrojó sobre el sofá sin ningún cuidado, como si quisiera ratificar sus palabras con aquel gesto irreverente. La cabeza de cabra rodó unos instantes sobre los cojines, hasta detenerse y quedar mirando hacia mí, intimidándome con sus cuencas vacías y su sonrisa de herbívoro perturbado.

   —La Iglesia, sin embargo, sigue insistiendo en la existencia del Maligno —dijo, sonriendo casi con melancolía—. Prohíbe las invocaciones satánicas en el Nuevo Catecismo, y continúa engrosando su ejército de exorcistas, como si realmente tuviesen un enemigo al que combatir físicamente. En el fondo, es lógico que actúen así, no en vano el cristianismo ha sido el mayor patrocinador que el Diablo ha tenido nunca.



   Pero ¿dónde está Satanás? —volvió a preguntar al aire—. El mundo moderno no le ha dejado muchos sitios donde esconderse, ¿no te parece? Las posesiones diabólicas, tan célebres en el pasado, han sido relegadas por la ciencia médica a simples crisis histéricas. Su único refugio ahora son los fenómenos sobrenaturales, la mayoría de los cuales pueden desmontarse con terrible facilidad. Tal vez se esconda en el infierno, que si hemos de hacer caso a los cristianos se halla enclavado en el centro de la Tierra. Aunque San Juan Crisóstomo lo situó en el aire, San Próspero en las nieblas del mar, y alguno hubo que lo emplazó hasta en el sol. Sin embargo, la propia palabra lo dice: Inferi, los lugares inferiores. ¿Sabías que una de sus posibles localizaciones se encuentra en la cumbre del Teide, donde se muestra a los viajeros no sólo la puerta, sino los respiraderos y lucernas del reino de Satanás?



   (...) —Pero a pesar de no existir, de no ser más que un engañabobos, una entelequia, Satán está entre nosotros, Alberto —dijo, en el tono de quien transmite una confidencia—. Y lo seguirá estando porque es una de las herramientas más útiles que nadie ha inventado nunca. Satán es la encarnación del Mal absoluto, la perfecta antítesis del Dios judeocristiano, imprescindible como detonante bíblico. ¿Acaso no es el Diablo quien impulsa a Judas? Jesús y los fariseos se acusan mutuamente de ser agentes suyos. Incluso Jesucristo viene a la tierra para el gran combate contra el mal: Satán es su coartada. —Enterró las manos en los bolsillos y resopló ruidosamente—. Matar al Diablo ahora sería como decirle a un niño que ya no habrá más castigos, como invitar a la humanidad entera a revolcarse de nuevo en el fango de sus instintos. El cristianismo lo creó para hacernos circular aplicadamente por el carril del Bien. Aunque más que crearlo, lo que hizo fue adaptarlo a los nuevos tiempos de las mitologías babilonias y cananeas, otorgándole su forma más universal, como su asesor de imagen. La Iglesia, en fin, necesita al Diablo para atar los cabos sueltos, es el subterfugio que le permite explicar cómo es posible el Mal en el mundo si todo ha sido creado por un Dios presuntamente misericordioso. A alguien hay que responsabilizar del sufrimiento físico y moral del hombre, ¿no? Y ese alguien tiene un nombre. Su nombre es Legión. Si no fuera por el Diablo, Dios sería un redomado hijo de puta.

FÉLIX J. PALMA - "Las corrientes oceánicas" - (2006)


Imágenes: Kevin Horan

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