Desapegos y otras ocupaciones.

lunes, 2 de marzo de 2026

EN LA CASA CASI TODO ESTÁ EMPEZANDO A ENVEJECER



Para ir a un funeral se supone que uno no ha de acicalarse. Se supone que uno ha de estar triste en un funeral, con el maquillaje corrido, con una blusa que se sale por un lado, con el cuello del abrigo doblado sobre sí. Pero Lailja no lo puede evitar. Abre de nuevo el cajón de la cómoda y se prueba otra prenda más. De pie, frente al espejo del armario, se encuentra extraña. Se retira el pelo de la cara. Comprueba que mamá tiene razón, la nariz se le afila, el rostro se le repliega sobre sí. Es la edad. Pronto parecerá un loro. A menudo, ella misma se llama así, loro. Cuando estropea algo, o alguna cosa no va bien. Eres un loro. A veces también se llama idiota. Eres idiota. Pero no es idiota, es que se hace mayor. Y eso no se puede cambiar. Si pudiera pararlo lo haría, como todo el mundo. Pero no se puede.


   De la cocina llega el sonido frisante de la cafetera al hervir. Es una cafetera vieja, de las de hierro. Ha llegado el momento; en la casa casi todo está empezando a envejecer. No siempre ha sido así. Hace años, cuando ella vino, todo era reluciente y moderno. La cafetera, por ejemplo. Y el espejo del recibidor. Y los cuadros representando figuras de caza con sus marcos orlados de volutas encrespadas. Y un cenicero de ónix. Y los muebles de su dormitorio y del comedor. La cafetera fue un día el último modelo de Oroley, eso dijo el vendedor. Y ahora, en cambio. Si se demora en apartarla del fuego, el café se escapa por las juntas en espumosos y silbantes espumarajos. Con un trapo la aparta del fogón y le saca brillo a la cocina. Ha limpiado por la mañana, por si mamá y sus hermanas quieren venir a casa después del funeral.



  También ha preparado canapés. Rotos, desiguales, goteando ensaladilla por los bordes, de diferente tamaño. Ni siquiera le ha quitado la corteza al pan. No le gusta cocinar, qué le va a hacer. Cada vez hay más gente a quien no le gusta cocinar. Ella come y cena cosas que ya estaban ahí; lo que le viene bien. A veces, filete. A veces, pan. Y a veces, nada. A menudo sucede que las personas que viven solas dejan de hacerse la comida, lo ha oído en la televisión. Algunas no hacen la colada, lo llevan todo a la lavandería. A otras les roban y no lo advierten. En general, casi todas acaban por desentenderse de las cosas. Se olvidan. Se olvidan de limpiarlas. Se olvidan de que son redondas o cuadradas. Se olvidan de que están ahí. En su casa, muchos objetos hace tiempo que han perdido el protagonismo, son como actores secundarios, como extras que pasaban por allí. Con el transcurso de los años se notan ajados y pasados de moda. Un día, probablemente, acabarán por difuminarse y desaparecer.

CRISTINA CERRADA - "La mujer calva" - (2008)


Imágenes: Roberto Lugo